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Comentario Bíblico de Matthew Henry
Joel 1

1. Ésta es la palabra del Señor, que vino a Joel hijo de Petuel.

2. ¡Oigan esto, *ancianos del pueblo! ¡Presten atención, habitantes todos del país! ¿Alguna vez sucedió cosa semejante en sus tiempos o en los de sus antepasados?

3. Cuéntenselo a sus hijos, y que ellos se lo cuenten a los suyos, y éstos a la siguiente generación.

4. Lo que dejaron las langostas grandes lo devoraron las langostas pequeñas; lo que dejaron las langostas pequeñas se lo comieron las larvas; y lo que dejaron las larvas se lo comieron las orugas.[1]

5. ¡Despierten, borrachos, y lloren! Giman, todos los entregados al vino, porque el vino dulce les fue arrebatado de los labios.

6. Una nación poderosa e innumerable ha invadido mi país: tiene dientes de león, colmillos de leona.

7. Asoló mis vides, desgajó mis higueras. Las peló hasta dejar blancas sus ramas; ¡las derribó por completo!

8. Mi pueblo gime como virgen vestida de luto por la muerte de su prometido.

9. Las ofrendas de cereales y las libaciones no se ofrecen ya en la casa del Señor. Hacen duelo los sacerdotes, los ministros del Señor.

10. Los campos yacen devastados, reseca está la tierra; han sido arrasados los cereales, se ha secado el vino nuevo y agotado el aceite.

11. Séquense también ustedes, labradores; giman, viñadores, por el trigo y la cebada, porque se ha perdido la cosecha de los campos.

12. La vid se marchitó; languideció la higuera; se marchitaron los granados, las palmeras, los manzanos, ¡todos los árboles del campo! ¡Y hasta la alegría de la gente acabó por marchitarse!

13. Vístanse de duelo y giman, sacerdotes; laméntense, ministros del altar. Vengan, ministros de mi Dios, y pasen la noche vestidos de luto, porque las ofrendas de cereales y las libaciones han sido suspendidas en la casa de su Dios.

14. Entréguense al ayuno, convoquen a una asamblea solemne. en la casa del Señor su Dios; reúnan a todos los habitantes del país, y clamen al Señor.

15. ¡Ay de aquel día, el día del Señor, que ya se aproxima! Vendrá como devastación de parte del *Todopoderoso.

16. ¿No se nos arrebató el alimento ante nuestros propios ojos, y la alegría y el regocijo de la casa de nuestro Dios?

17. La semilla se pudrió a pesar de haber sido cultivada.[2] y los graneros derribados porque la cosecha se perdió.

18. ¡Cómo brama el ganado! porque no tienen donde pastar, y sufren también las ovejas.

19. A ti clamo, Señor, porque el fuego ha devorado los pastizales de la estepa; las llamas han consumido todos los árboles silvestres.

20. Aun los animales del campo te buscan con ansias, porque se han secado los arroyos y el fuego ha devorado los pastizales de la estepa.

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Joel 1

Vv. 1-7.Los más viejos no recordaban que hubieran ocurrido alguna vez tales calamidades. Ejércitos de insectos venían a la tierra para comerse sus frutos. Se expresa como para aplicarlo también a la destrucción del país por parte de un enemigo extranjero, y parece referirse a las devastaciones hechas por los caldeos. Dios es el Señor de los ejércitos, tiene a toda criatura a sus órdenes, y cuando le place, puede humillar y mortificar a un pueblo orgulloso y rebelde, por medio de las criaturas más débiles y más despreciables. Justo es que Dios quite las comodidades que resultaron en abuso al extremo del lujo y los excesos; mientras más depositen los hombres su felicidad en el deleite de los sentidos, más graves serán sus aflicciones temporales. Mientras más deleites terrenales necesitemos para satisfacernos, a mayores problemas nos exponemos.


Vv. 8-13.Todos los que trabajan sólo por la carne que perece, tarde o temprano, serán avergonzados de su esfuerzo. Quienes ponen su felicidad en los deleites de los sentidos, pierden su gozo cuando se les priva de ellos o se les interrumpe su goce; en cambio, el gozo espiritual florece entonces más que nunca. Véase cuán perecederos e inciertos son nuestros consuelos humanos. Véase cuánto necesitamos vivir en continua dependencia de Dios y su providencia. Véase qué obra destructora hace el pecado. En cuanto a la pobreza que ocasiona el deterioro de la piedad, y hambrea la causa de la religión de un pueblo, es un juicio muy doloroso. Pero, ¡cuán benditos son los juicios vivificantes de Dios que levantan a su pueblo y llaman a casa el corazón, a Cristo, y a su salvación!


Vv. 14-20.El dolor de un pueblo se convierte en arrepentimiento y humillación ante Dios. Con todas las marcas del dolor y la vergüenza, el pecado debe ser confesado y lamentado. Hay un día designado para ese propósito; un día en que el pueblo debe dejar sus ocupaciones corrientes para atender más estrictamente el servicio de Dios; tiene que haber abstención de carne y bebida. Cada uno ha sumado a la culpa nacional, todos comparten en la calamidad nacional, por tanto, cada uno debe unirse al arrepentimiento. Cuando el gozo y la dicha son cortados de la casa de Dios, cuando la santidad seria decae y el amor se enfría, entonces es hora de clamar al Señor. El profeta describe cuán penosa es la calamidad. Véase que hasta las criaturas inferiores sufren por nuestra transgresión. ¿Y cuánto mejor que las bestias son los que nunca claman a Dios, sino al trigo y al vino, y se quejan de la falta de deleites sensuales? Clamar a Dios en esos casos, avergüenza la estupidez de los que no claman en ningún caso. Sea lo que sea que lleguen a ser las naciones e iglesias que persistan en la impiedad, los creyentes encontrarán el consuelo de la aceptación de Dios cuando el impío sea quemado con su indignación.



Nueva Versión Internacional (NVI)

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Comentario Bíblico de Matthew Henry

Autor: Matthew Henry, Traducido al castellano por Francisco la Cueva, Copyright © Spanish House Ministries | Unilit



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