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Comentario Bíblico de Matthew Henry
Apocalipsis 11

1. Los dos testigos Se me dio una caña que servía para medir, y se me ordenó: «Levántate y mide el templo de Dios y el altar, y calcula cuántos pueden adorar allí.

2. Pero no incluyas el atrio exterior del templo; no lo midas, porque ha sido entregado a las naciones paganas, las cuales pisotearán la ciudad santa durante cuarenta y dos meses.

3. Por mi parte, yo encargaré a mis dos testigos que, vestidos de luto,[r] profeticen durante mil doscientos sesenta días.»

4. Estos dos testigos son los dos olivos y los dos candelabros que permanecen delante del Señor de la tierra.

5. Si alguien quiere hacerles daño, ellos lanzan fuego por la boca y consumen a sus enemigos. Así habrá de morir cualquiera que intente hacerles daño.

6. Estos testigos tienen poder para cerrar el cielo a fin de que no llueva mientras estén profetizando; y tienen poder para convertir las aguas en sangre y para azotar la tierra, cuantas veces quieran, con toda clase de plagas.

7. Ahora bien, cuando hayan terminado de dar su testimonio, la bestia que sube del abismo les hará la guerra, los vencerá y los matará.

8. Sus cadáveres quedarán tendidos en la plaza de la gran ciudad, llamada en sentido figurado[s] Sodoma y Egipto, donde también fue crucificado su Señor.

9. Y gente de todo pueblo, tribu, lengua y nación contemplará sus cadáveres por tres días y medio, y no permitirá que se les dé sepultura.

10. Los habitantes de la tierra se alegrarán de su muerte y harán fiesta e intercambiarán regalos, porque estos dos profetas les estaban haciendo la vida imposible.

11. Pasados los tres días y medio, entró en ellos un aliento de vida enviado por Dios, y se pusieron de pie, y quienes los observaban quedaron sobrecogidos de terror.

12. Entonces los dos testigos oyeron una potente voz del cielo que les decía: «Suban acá.» Y subieron al cielo en una nube, a la vista de sus enemigos.

13. En ese mismo instante se produjo un violento terremoto y se derrumbó la décima parte de la ciudad. Perecieron siete mil personas, pero los sobrevivientes, llenos de temor, dieron gloria al Dios del cielo.

14. El segundo ¡ay! ya pasó, pero se acerca el tercero.

15. La séptima trompeta Tocó el séptimo ángel su trompeta, y en el cielo resonaron fuertes voces que decían: «El reino del mundo ha pasado a ser de nuestro Señor y de su Cristo, y él reinará por los siglos de los siglos.»

16. Los veinticuatro ancianos que estaban sentados en sus tronos delante de Dios se postraron rostro en tierra y adoraron a Dios

17. diciendo: «Señor, Dios Todopoderoso, que eres y que eras,[t] te damos gracias porque has asumido tu gran poder y has comenzado a reinar.

18. Las naciones se han enfurecido; pero ha llegado tu castigo, el momento de juzgar a los muertos, y de recompensar a tus siervos los profetas, a tus santos y a los que temen tu nombre, sean grandes o pequeños, y de destruir a los que destruyen la tierra.»

19. Entonces se abrió en el cielo el templo de Dios; allí se vio el arca de su pacto, y hubo relámpagos, estruendos, truenos, un terremoto y una fuerte granizada.

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Apocalipsis 11

Vv. 1, 2.Este pasaje profético de la medición del templo parece referirse a la visión de Ezequiel. El designio de esta medición parece ser la preservación de la iglesia en tiempos de peligro público; o para su juicio o para su reforma. Los adoradores deben ser medidos; si hacen de la gloria de Dios su finalidad y de su palabra su regla en todos sus actos de adoración. Los del atrio externo, adoran de manera falsa, o con corazones no afectos y serán contados con los enemigos. Dios tendrá un templo y altar en el mundo hasta el final del tiempo. Él mira estrictamente a su templo. La ciudad santa, la iglesia visible está pisoteada; está llena de idólatras, infieles e hipócritas. Pero las desolaciones de la iglesia son limitadas y será librada de todos sus problemas.


Vv. 3-13.En la época del trillado, Dios sostuvo a sus testigos fieles para dar testimonio de la verdad de su palabra y adoración, y de la excelencia de sus caminos. El número de estos testigos es, sin embargo, pequeño. Ellos profetizan vestidos de cilicio. Muestra su estado afligido, perseguido, y profunda congoja por las abominaciones contra las cuales protestan. Son sustentados durante su obra grande y difícil hasta que está terminada. Cuando hayan profetizado vestidos de cilicio por la mayor parte de los 1260 días, el anticristo, el gran instrumento del diablo, hará guerra contra ellos, con fuerza y violencia por un tiempo. Los rebeldes decididos en contra de la luz, se regocijan como en un hecho feliz, cuando pueden silenciar, alejar o destruir a los siervos fieles de Cristo, cuya doctrina y conducta los atormenta. No parece que el período haya expirado aún, y los testigos no están, en el presente, expuestos a soportar tales sufrimientos externos tan terribles como en las épocas anteriores, pero tales cosas pueden volver a pasar, y hay abundante causa para profetizar vestidos con cilicio, por cuenta del estado de la religión. El estado deprimido del cristianismo verdadero puede relacionarse sólo con la iglesia occidental. El Espíritu de vida de Dios, vivifica las almas muertas y revivirá los cuerpos muertos de su pueblo, y su interés moribundo en el mundo. El avivamiento de la obra y los testimonios de Dios producirán terror en las almas de sus enemigos. Donde hay culpa, hay miedo; y el espíritu perseguidor, aunque cruel, es un espíritu cobarde. No será parte pequeña del castigo de los perseguidores en este mundo, que en el gran día vean honrados y ascendidos a los siervos fieles de Dios. Los testigos del Señor no deben cansarse de sufrir y servir, ni tomar apresuradamente el premio; deben permanecer quietos hasta que su Amo los llame. La consecuencia de que sean así enaltecidos fue un tremendo golpe y convulsión para el imperio anticristiano. Los solos hechos pueden mostrar el significado de esto. Pero cada vez que reviven la obra y los testigos de Dios, la obra del diablo y sus testigos caen ante Él. Parece probable que la matanza de los testigos sea un acontecimiento futuro.


Vv. 14-19.Antes que suene la séptima y última trompeta se hace el habitual pedido de atención. Los santos y los ángeles del cielo saben que la diestra de nuestro Dios y Salvador manda en todo el mundo. Pero las naciones salen con su propia ira al encuentro de la ira de Dios. Fue un tiempo en que Él estaba empezando a recompensar los servicios fieles y los sufrimientos de su pueblo; y sus enemigos están nerviosos con Dios, y así aumentan su culpa y apresuran su destrucción. Al abrirse el templo de Dios en el cielo quizá se signifique que había más comunicación libre entre el cielo y la tierra; la oración y las alabanzas subían más libre y frecuentemente; las gracias y las bendiciones descendían con más abundancia. Pero, más bien, parece referirse a la iglesia de Dios en la tierra. En el reino del anticristo, se echó a un lado la ley de Dios y se la vació con tradiciones y decretos; las Escrituras estuvieron cerradas para la gente, pero ahora se ponen a la vista de todos. Como el arca, esto es un símbolo de la presencia de Dios que vuelve a su pueblo, y su favor para con ellos en Jesucristo, como la Propiciación por sus pecados. La gran bendición de la Reforma fue acompañada por providencias muy temibles; y Dios respondió con cosas terribles de justicia a las oraciones presentadas en su santo templo, ahora abierto.



Nueva Versión Internacional (NVI)

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Comentario Bíblico de Matthew Henry

Autor: Matthew Henry, Traducido al castellano por Francisco la Cueva, Copyright © Spanish House Ministries | Unilit



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