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Comentario Bíblico de Matthew Henry
Mateo 18

1. En aquel momento se acercaron los discípulos a Jesús, diciendo: ¿Quién es, entonces, el mayor en el reino de los cielos?

2. Y El, llamando a un niño, lo puso en medio de ellos,

3. y dijo: En verdad os digo que si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.

4. Así pues, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos.

5. Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe.

6. Pero al que haga tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le sería que le colgaran al cuello una piedra de molino de las que mueve un asno, y que se ahogara en lo profundo del mar.

7. ¡Ay del mundo por sus piedras de tropiezo! Porque es inevitable que vengan piedras de tropiezo; pero ¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo!

8. Y si tu mano o tu pie te es ocasión de pecar, córtatelo y échalo de ti; te es mejor entrar en la vida manco o cojo, que teniendo dos manos y dos pies, ser echado en el fuego eterno.

9. Y si tu ojo te es ocasión de pecar, arráncatelo y échalo de ti. Te es mejor entrar en la vida con un solo ojo, que teniendo dos ojos, ser echado en el infierno de fuego.

10. Mirad que no despreciéis a uno de estos pequeñitos, porque os digo que sus ángeles en los cielos contemplan siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos.

11. Porque el Hijo del Hombre ha venido a salvar lo que se había perdido.

12. ¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y una de ellas se ha descarriado, ¿no deja las noventa y nueve en los montes, y va en busca de la descarriada?

13. Y si sucede que la halla, en verdad os digo que se regocija más por ésta que por las noventa y nueve que no se han descarriado.

14. Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos que se pierda uno de estos pequeñitos.

15. Y si tu hermano peca, ve y repréndelo a solas; si te escucha, has ganado a tu hermano.

16. Pero si no te escucha, lleva contigo a uno o a dos más, para que TODA PALABRA SEA CONFIRMADA POR BOCA DE DOS O TRES TESTIGOS.

17. Y si rehúsa escucharlos, dilo a la iglesia; y si también rehúsa escuchar a la iglesia, sea para ti como el gentil y el recaudador de impuestos.

18. En verdad os digo: todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo.

19. Además os digo, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo sobre cualquier cosa que pidan aquí en la tierra, les será hecho por mi Padre que está en los cielos.

20. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

21. Entonces se le acercó Pedro, y le dijo: Señor, ¿cuántas veces pecará mi hermano contra mí que yo haya de perdonarlo? ¿Hasta siete veces?

22. Jesús le dijo*: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

23. Por eso, el reino de los cielos puede compararse a cierto rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos.

24. Y al comenzar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos.

25. Pero no teniendo él con qué pagar, su señor ordenó que lo vendieran, junto con su mujer e hijos y todo cuanto poseía, y así pagara la deuda.

26. Entonces el siervo cayó postrado ante él, diciendo: 'Ten paciencia conmigo y todo te lo pagaré.'

27. Y el señor de aquel siervo tuvo compasión, y lo soltó y le perdonó la deuda.

28. Pero al salir aquel siervo, encontró a uno de sus consiervos que le debía cien denarios, y echándole mano, lo ahogaba, diciendo: 'Paga lo que debes.'

29. Entonces su consiervo, cayendo a sus pies, le suplicaba, diciendo: 'Ten paciencia conmigo y te pagaré.'

30. Sin embargo, él no quiso, sino que fue y lo echó en la cárcel hasta que pagara lo que debía.

31. Así que cuando vieron sus consiervos lo que había pasado, se entristecieron mucho, y fueron y contaron a su señor todo lo que había sucedido.

32. Entonces, llamándolo su señor, le dijo*: 'Siervo malvado, te perdoné toda aquella deuda porque me suplicaste.

33. '¿No deberías tú también haberte compadecido de tu consiervo, así como yo me compadecí de ti?'

34. Y enfurecido su señor, lo entregó a los verdugos hasta que pagara todo lo que le debía.

35. Así también mi Padre celestial hará con vosotros, si no perdonáis de corazón cada uno a su hermano.

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Mateo 18

Vv. 1-6.Cristo habló muchas palabras sobre sus sufrimientos, pero sólo una de su gloria; sin embargo, los discípulos se aferraron de esta y olvidaron las otras. A muchos que les gusta oír y hablar de privilegios y de gloria están dispuestos a soslayar los pensamientos acerca de trabajos y problemas. Nuestro Señor puso ante ellos un niñito, asegurándoles con solemnidad que no podrían entrar en su reino si no eran convertidos y hechos como los pequeñuelos. Cuando los niños son muy pequeños no desean la autoridad, no consideran las distinciones externas, están libres de maldad, son enseñables y dispuestos a confiar en sus padres. Verdad es que pronto empiezan a mostrar otras disposiciones y a edad temprana se les enseñan otras ideas, pero son características de la infancia las que los convierten en ejemplos adecuados de la mente humilde de los cristianos verdaderos. Ciertamente necesitamos ser renovados diariamente en el espíritu de nuestra mente para que lleguemos a ser simples y humildes como los pequeñuelos, y dispuestos a ser el menor de todos. Estudiemos diariamente este tema y examinemos nuestro espíritu.


Vv. 7-14.Considerando la astucia y maldad de Satanás, y la debilidad y depravación de los corazones de los hombres, no es posible que no haya sino ofensas. Dios las permite para fines sabios y santos, para que sean dados a conocer los que son sinceros y los que no lo son. Habiéndosenos dicho antes que habrá seductores, tentadores, perseguidores y malos ejemplos, permanezcamos de guardia. Debemos apartarnos, tan lícitamente como podamos, de lo que puede enredarnos en el pecado. Hay que evitar las ocasiones externas de pecado. Si vivimos conforme a la carne, debemos morir. Si mortificamos, a través del Espíritu, a las obras de la carne, viviremos. Cristo vino al mundo a salvar almas y tratará severamente a los que estorban el progreso de otros que están orientando su rostro al cielo. ¿Y, alguno de nosotros rehusará atender a los que el Hijo de Dios vino a buscar y salvar? Un padre cuida a todos sus hijos, pero es particularmente tierno con los pequeños.


Vv. 15-20.Si alguien hace mal a un cristiano confeso, éste no debe quejarse a los demás, como suele hacerse, sino ir en forma privada a quien le ofendió, tratar el asunto con amabilidad, y reprender su conducta. Esto tendrá en el cristiano verdadero, por lo general, el efecto deseado y las partes se reconciliarán. Los principios de estas reglas pueden practicarse en todas partes y en todas las circunstancias, aunque son demasiado descuidados por todos. ¡Cuán pocos son los que prueban el método que Cristo mandó expresamente a todos sus discípulos! -En todos nuestros procedimientos debemos buscar la dirección orando; nunca podremos apreciar demasiado las promesas de Dios. en cualquier tiempo o lugar que nos encontremos en el nombre de Cristo, debemos considerar que Él está presente en medio nuestro.


Vv. 21-35.Aunque vivamos totalmente de la misericordia y el perdón, nos demoramos para perdonar las ofensas de nuestros hermanos. Esta parábola señala cuánta provocación ve Dios de su familia en la tierra y cuán indóciles somos sus siervos. Hay tres cosas en la parábola: -1. La maravillosa clemencia del amo. La deuda del pecado es tan enorme que no somos capaces de pagarla. Véase aquí lo que merece todo pecado; esta es la paga del pecado, ser vendido como esclavo. Necedad de muchos que están fuertemente convictos de sus pecados es fantasear que pueden dar satisfacción a Dios por el mal que le han hecho. 2. La severidad irracional del siervo hacia su consiervo, a pesar de la clemencia de su señor con él. No se trata de que nos tomemos a la ligera hacerle mal a nuestro prójimo, puesto que también es pecado ante Dios, sino que no debemos agrandar el mal que nuestro prójimo nos hace ni pensar en la venganza. Que nuestras quejas, tanto de la maldad del malo y de las aflicciones del afligido, sean llevadas ante Dios y dejadas con Él. 3. El amo reprobó la crueldad de su siervo. La magnitud del pecado acrecienta las riquezas de la misericordia que perdona; y el sentido consolador de la misericordia que perdona hace mucho para disponer nuestros corazones a perdonar a nuestros hermanos. No tenemos que suponer que Dios perdona realmente a los hombres y que, después, les reconoce sus culpas para condenarlos. La última parte de esta parábola muestra las conclusiones falsas a que llegan muchos en cuanto a que sus pecados están perdonados, aunque su conducta posterior demuestra que nunca entraron en el espíritu del evangelio ni demostraron con su vivencia la gracia que santifica. No perdonamos rectamente a nuestro hermano ofensor si no lo perdonamos de todo corazón. Pero esto no basta; debemos buscar el bienestar hasta de aquellos que nos ofenden. ¡Con cuánta justicia serán condenados los que, aunque llevan el nombre de cristianos, persisten en tratar a sus hermanos sin misericordia! El pecador humillado confía solo en la misericordia abundante y gratuita a través del rescate de la muerte de Cristo. Busquemos más y más la gracia de Dios que renueva, para que nos enseñe a perdonar al prójimo como esperamos perdón de Él.



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Comentario Bíblico de Matthew Henry

Autor: Matthew Henry, Traducido al castellano por Francisco la Cueva, Copyright © Spanish House Ministries | Unilit