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Comentario Bíblico de Matthew Henry
Gálatas 5

1. Para libertad fue que Cristo nos hizo libres; por tanto, permaneced firmes, y no os sometáis otra vez al yugo de esclavitud.

2. Mirad, yo, Pablo, os digo que si os dejáis circuncidar, Cristo de nada os aprovechará.

3. Y otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado a cumplir toda la ley.

4. De Cristo os habéis separado, vosotros que procuráis ser justificados por la ley; de la gracia habéis caído.

5. Pues nosotros, por medio del Espíritu, esperamos por la fe la esperanza de justicia.

6. Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión ni la incircuncisión significan nada, sino la fe que obra por amor.

7. Vosotros corríais bien, ¿quién os impidió obedecer a la verdad?

8. Esta persuasión no vino de aquel que os llama.

9. Un poco de levadura fermenta toda la masa.

10. Yo tengo confianza respecto a vosotros en el Señor de que no optaréis por otro punto de vista; pero el que os perturba llevará su castigo, quienquiera que sea.

11. Pero yo, hermanos, si todavía predico la circuncisión, ¿por qué soy perseguido aún? En tal caso, el escándalo de la cruz ha sido abolido.

12. ¡Ojalá que los que os perturban también se mutilaran!

13. Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; sólo que no uséis la libertad como pretexto para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros.

14. Porque toda la ley en una palabra se cumple en el precepto: AMARAS A TU PROJIMO COMO A TI MISMO.

15. Pero si os mordéis y os devoráis unos a otros, tened cuidado, no sea que os consumáis unos a otros.

16. Digo, pues: Andad por el Espíritu, y no cumpliréis el deseo de la carne.

17. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne, pues éstos se oponen el uno al otro, de manera que no podéis hacer lo que deseáis.

18. Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley.

19. Ahora bien, las obras de la carne son evidentes, las cuales son: inmoralidad, impureza, sensualidad,

20. idolatría, hechicería, enemistades, pleitos, celos, enojos, rivalidades, disensiones, sectarismos,

21. envidias, borracheras, orgías y cosas semejantes, contra las cuales os advierto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.

22. Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad,

23. mansedumbre, dominio propio; contra tales cosas no hay ley.

24. Pues los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.

25. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.

26. No nos hagamos vanagloriosos, provocándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros.

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Gálatas 5

Vv. 1-6.Cristo no será el Salvador de nadie que no lo reciba y confíe en Él como su único Salvador. Prestemos oído a las advertencias y las exhortaciones del apóstol a estar firmes en la doctrina y la libertad del evangelio. Todos los cristianos verdaderos que son enseñados por el Espíritu Santo, esperan la vida eterna, la recompensa de la justicia, y el objeto de su esperanza, como dádiva de Dios por fe en Cristo; y no por amor de sus propias obras. El convertido judío puede observar las ceremonias o afirmar su libertad, el gentil puede desecharlas o participar en ellas, siempre y cuando no dependa de ellas. Ningún privilegio o profesión externo servirá para ser aceptos de Dios sin la fe sincera en nuestro Señor Jesús. La fe verdadera es una gracia activa; obra por amor a Dios y a nuestros hermanos. Que estemos en el número de aquellos que, por el Espíritu, aguardan la esperanza de justicia por la fe. El peligro de antes no estaba en cosas sin importancia en sí, como ahora son muchas formas y observancias. Pero sin la fe que obra por el amor, todo lo demás carece de valor, y comparado con ello las otras cosas son de escaso valor.


Vv. 7-12. La vida del cristiano es una carrera en la cual debe correr y mantenerse si desea obtener el premio. No basta con que profesemos el cristianismo; debemos correr bien viviendo conforme a esa confesión. Muchos que empezaron bien en la religión son estorbados en su avance o se desvían del camino. A los que empezaron a salirse del camino o a cansarse les corresponde preguntarse seriamente qué les estorba. La opinión o la persuasión, versículo 8, sin duda, era la de mezclar las obras de la ley con la fe en Cristo en cuanto a la justificación. El apóstol deja que ellos juzguen de dónde surgió, pero muestra lo suficiente para indicar que no se debe a nadie sino a Satanás. Para las iglesias cristianas es peligroso animar a los que siguen errores destructores, pero en especial a los que los difunden. Al reprender el pecado y el error, siempre debemos distinguir entre los líderes y los liderados. Los judíos se ofendían porque se predicaba a Cristo como la única salvación para los pecadores. Si Pablo y los otros hubieran aceptado que la observancia de la ley de Moisés debía unirse a la fe en Cristo, como necesaria para la salvación, entonces los creyentes hubieran podido evitar muchos de los sufrimientos que tuvieron. Hay que resistir los primeros indicios de esa levadura. Ciertamente los que persisten en perturbar a la Iglesia de Cristo deben soportar su juicio.


Vv. 13-15.El evangelio es una doctrina conforme a la piedad, 1 Timoteo vi, 3, y está lejos de consentir con el menor pecado, que nos somete a la obligación más fuerte de evitarlo y vencerlo. El apóstol insiste en que toda la ley se cumple en una palabra: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Si se pelean los cristianos, que deben ayudarse mutuamente y regocijarse unos en otros, ¿qué puede esperarse sino que el Dios de amor niegue su gracia, que el Espíritu de amor se vaya, y prevalezca el espíritu maligno que busca destruirlos? -Bueno fuera que los creyentes se pusieran en contra del pecado en ellos mismos y en los lugares donde viven, en vez de morderse y devorarse unos a otros con motivo de diversidad de opinión diferente.


Vv. 16-26.Si fuéramos cuidadosos para actuar bajo la dirección y el poder del Espíritu bendito, aunque no fuésemos liberados de los estímulos y de la oposición de la naturaleza corrupta que queda en nosotros, esta no tendría dominio sobre nosotros. Los creyentes están metidos en un conflicto en que desean sinceramente esa gracia que puede alcanzar la victoria plena y rápida. Los que desean entregarse a la dirección del Espíritu Santo no están bajo la ley como pacto de obras, ni expuestos a su espantosa maldición. Su odio por el pecado, y su búsqueda de la santidad, muestran que tienen una parte en la salvación del evangelio. Las obras de la carne son muchas y manifiestas. Esos pecados excluirán del cielo a los hombres. Pero, ¡cuánta gente que se dice cristiana vive así y dicen que esperan el cielo! -Se enumeran los frutos del Espíritu, o de la naturaleza renovada, que tenemos que hacer. Y así como el apóstol había nombrado principalmente las obras de la carne, no sólo dañinas para los mismos hombres, sino que tienden a hacerlos mutuamente nocivos, así aquí el apóstol nota principalmente los frutos del Espíritu, que tienden a hacer mutuamente agradables a los cristianos, como asimismo a hacerlos felices. Los frutos del Espíritu muestran evidentemente que ellos son guiados por el Espíritu. La descripción de las obras de la carne y de los frutos del Espíritu nos dice qué debemos evitar y resistir y qué debemos desear y cultivar; y este es el afán y empresa sinceros de todos los cristianos reales. El pecado no reina ahora en sus cuerpos mortales, de modo que le obedezcan, Romanos vi, 12, pues ellos procuran destruirlo. Cristo nunca reconocerá a los que se rinden a ser siervos del pecado. Y no basta con que cesemos de hacer el mal sino que debemos aprender a hacer el bien. Nuestra conversación siempre deberá corresponder al principio que nos guía y nos gobierna, Romanos viii, 5. Debemos dedicarnos con fervor a mortificar las obras del cuerpo y a caminar en la vida nueva sin desear la vanagloria ni desear indebidamente la estima y el aplauso de los hombres, sin provocarse ni envidiarse mutuamente, sino buscando llevar esos buenos frutos con mayor abundancia, que son, a través de Jesucristo, para la alabanza y la gloria de Dios.



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Comentario Bíblico de Matthew Henry

Autor: Matthew Henry, Traducido al castellano por Francisco la Cueva, Copyright © Spanish House Ministries | Unilit