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Comentario Bíblico de Matthew Henry
Lucas 24

1. El primer día de la semana, muy de mañana, fueron al sepulcro llevando los aromas que habían preparado.

2. Pero encontraron que la piedra había sido retirada del sepulcro,

3. y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.

4. No sabían que pensar de esto, cuando se presentaron ante ellas dos hombres con vestidos resplandecientes.

5. Como ellas temiesen e inclinasen el rostro a tierra, les dijeron: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?

6. No está aquí, ha resucitado. Recordad cómo os habló cuando estaba todavía en Galilea, diciendo:

7. “Es necesario que el Hijo del hombre sea entregado en manos de los pecadores y sea crucificado, y al tercer día resucite. “»

8. Y ellas recordaron sus palabras.

9. Regresando del sepulcro, anunciaron todas estas cosas a los Once y a todos los demás.

10. Las que decían estas cosas a los apóstoles eran María Magdalena, Juana y María la de Santiago y las demás que estaban con ellas.

11. Pero todas estas palabras les parecían como desatinos y no les creían.

12. Pedro se levantó y corrió al sepulcro. Se inclinó, pero sólo vio las vendas y se volvió a su casa, asombrado por lo sucedido.

13. Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén,

14. y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado.

15. Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos;

16. pero sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran.

17. El les dijo: «¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?» Ellos se pararon con aire entristecido.

18. Uno de ellos llamado Cleofás le respondió: «¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en ella?»

19. El les dijo: «¿Qué cosas?» Ellos le dijeron: «Lo de Jesús el Nazoreo, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo;

20. cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron.

21. Nosotros esperábamos que sería él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó.

22. El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro,

23. y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una aparición de ángeles, que decían que él vivía.

24. Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron.»

25. El les dijo: «¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas!

26. ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?»

27. Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras.

28. Al acercarse al pueblo a donde iban, él hizo ademán de seguir adelante.

29. Pero ellos le forzaron diciéndole: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado.» Y entró a quedarse con ellos.

30. Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando.

31. Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su lado.

32. Se dijeron uno a otro: «¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?»

33. Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos,

34. que decían: «¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!»

35. Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan.

36. Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros.»

37. Sobresaltados y asustados, creían ver un espíritu.

38. Pero él les dijo: «¿Por qué os turbáis, y por qué se suscitan dudas en vuestro corazón?

39. Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como véis que yo tengo.»

40. Y, diciendo esto, los mostró las manos y los pies.

41. Como ellos no acabasen de creerlo a causa de la alegría y estuviesen asombrados, les dijo: «¿Tenéis aquí algo de comer?»

42. Ellos le ofrecieron parte de un pez asado.

43. Lo tomó y comió delante de ellos.

44. Después les dijo: «Estas son aquellas palabras mías que os hablé cuando todavía estaba con vosotros: “Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí.”»

45. Y, entonces, abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras,

46. y les dijo: «Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día

47. y se predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén.

48. Vosotros sois testigos de estas cosas.

49. «Mirad, y voy a enviar sobre vosotros la Promesa de mi Padre. Por vuestra parte permaneced en la ciudad hasta que seáis revestidos de poder desde lo alto.»

50. Los sacó hasta cerca de Betania y, alzando sus manos, los bendijo.

51. Y sucedió que, mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo.

52. Ellos, después de postrarse ante él, se volvieron a Jerusalén con gran gozo,

53. y estaban siempre en el Templo bendiciendo a Dios.

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Lucas 24

Vv. 1-12.Véase el afecto y el respeto que las mujeres demostraron hacia Cristo, después que murió y fue sepultado. Obsérvese la sorpresa cuando hallaron removida la piedra y vacía la tumba. Los cristianos suelen quedar confundidos con lo que debiera consolarlos y animarlos. Esperaban hallar a su Maestro en su sudario, en vez de ángeles en ropajes refulgentes. Los ángeles les aseguraron que había resucitado de entre los muertos; ha resucitado por su poder. Estos ángeles del cielo no traen un evangelio nuevo, pero recuerdan a las mujeres las palabras de Cristo, y les enseñan a aplicarlas. Podemos maravillarnos de estos discípulos, que creían que Jesús es el Hijo de Dios y el Mesías verdadero, a los que tan a menudo les había dicho que debía morir y resucitar, y luego entrar en su gloria, y que en más de una ocasión le habían visto resucitar muertos, pudieran tardar tanto en creer en su resurrección por su poder. Todos nuestros errores en la religión surgen de ignorar u olvidar las palabras que Cristo ha dicho. Ahora Pedro corre al sepulcro, él que tan recientemente había huido de su Maestro. Estaba asombrado. Hay muchas cosas que nos causan estupefacción y confusión, y que serían claras y provechosas si entendiésemos correctamente las palabras de Cristo.


Vv. 13-27.Esta aparición de Jesús a los dos discípulos que iban a Emaús, sucedió el mismo día en que resucitó de entre los muertos. Muy bien corresponde a los discípulos de Cristo hablar de su muerte y resurrección, cuando están juntos; de este modo pueden beneficiarse del conocimiento mutuo, refrescarse mutuamente la memoria y estimularse unos a otros sus afectos devotos. Dónde haya sólo dos que estén ocupados en este tipo de obra, Él vendrá a ellos y será el tercero. Los que buscan a Cristo lo hallarán: Él se manifestará a los que preguntan por Él; y dará conocimiento a los que usan las ayudas que tienen para el conocimiento. No importa cómo fue, pero ocurre que ellos no lo conocieron; Él lo ordenó así para que ellos pudieran conversar más libremente con Él. Los discípulos de Cristo suelen entristecerse y apenarse aunque tienen razón para regocijarse, pero por la debilidad de su fe, no pueden tomar el consuelo ofrecido. Aunque Cristo entró a su estado de exaltación, todavía nota la tristeza de sus discípulos y se aflige de sus aflicciones. Son forasteros en Jerusalén los que no saben de la muerte y de los padecimientos de Jesús. Los que tienen el conocimiento de Cristo crucificado, deben tratar de difundir ese saber. Nuestro Señor Jesús les reprochó la debilidad de su fe en las Escrituras del Antiguo Testamento. Si supiéramos más de los consejos divinos según han sido dados a conocer en las Escrituras, no estaríamos sujetos a las confusiones en que a menudo nos enredamos. Les muestra que los padecimientos de Cristo eran, realmente, el camino designado a su gloria, pero la cruz de Cristo era aquello en que ellos no se podían reconciliar por sí mismos. Empezando por Moisés, el primer escritor inspirado del Antiguo Testamento, Jesús les expone cosas acerca de sí mismo. Hay muchos pasajes en todas las Escrituras con referencia a Cristo, y es muy provechoso reunirlos. No nos adentramos en ningún texto sin encontrar algo referido a Cristo, una profecía, una promesa, una oración, un tipo u otra cosa. El hilo de oro de la gracia del evangelio recorre toda la trama del Antiguo Testamento. Cristo es el mejor expositor de la Escritura y, aun después de su resurrección, condujo a la gente a conocer el misterio acerca de sí mismo; no por el planteamiento de nociones nuevas, sino mostrándoles cómo se cumplió la Escritura, y volviéndolos al estudio ferviente de ellas.


Vv. 28-35.Si deseamos tener a Cristo habitando en nosotros, debemos ser honestos con Él. Los que han experimentado el placer y el provecho de la comunión con Él, sólo pueden desear más de su compañía. Tomó el pan, lo bendijo y lo partió, y lo dio a ellos. Esto hizo con la autoridad y afecto acostumbrado, en la misma forma, quizás con las mismas palabras. Aquí nos enseña a desear una bendición para cada comida. Véase cómo Cristo, por su Espíritu y su gracia, se da a conocer a las almas de su pueblo. Les abre las Escrituras. Se reúne con ellos en su mesa, en la ordenanza de la cena del Señor; se da a conocer a ellos al partir el pan, pero la obra se completa abriéndoles los ojos del entendimiento; tenemos breves visiones de Cristo en este mundo, pero cuando entremos al cielo lo veremos para siempre. Ellos habían encontrado poderosa la predicación, aunque no reconocieron al predicador. Las Escrituras que hablan de Cristo harán arder los corazones de sus verdaderos discípulos. Probablemente nos haga el mayor bien lo que nos afecta con el amor de Jesús al morir por nosotros. Es deber de aquellos a quienes se ha mostrado, dar a conocer al prójimo lo que Él ha hecho por sus almas. De gran uso para los discípulos de Cristo es comparar sus experiencias y contárselas unos a otros.


Vv. 36-49.Jesús se apareció de manera milagrosa, asegurando a los discípulos su paz, aunque ellos lo habían olvidado tan recientemente, y prometiéndoles paz espiritual con cada bendición. Muchos pensamientos conflictivos que inquietan nuestra mente, proceden de errores sobre Cristo. Todos los pensamientos conflictivos que surgen en nuestros corazones en cualquier momento son conocidos por el Señor Jesús, y le desagradan. Habló con ellos sobre su incredulidad irracional. Nada ha pasado, sino lo anunciado por los profetas, y lo necesario para la salvación de los pecadores. Ahora, se debe enseñar a todos los hombres la naturaleza y la necesidad del arrepentimiento para el perdón de sus pecados. Se debe procurar estas bendiciones por fe en el nombre de Jesús. Cristo por su Espíritu obra en las mentes de los hombres. Hasta los hombres buenos necesitan que se les abra el entendimiento, pero para que piensen bien de Cristo, nada se necesita más que se les haga entender las Escrituras.


Vv. 50-53.Cristo ascendió desde Betania, cerca del Monte de los Olivos. Ahí estaba el huerto donde empezaron sus sufrimientos; ahí estuvo en su agonía. Los que van al cielo deben ascender desde la casa de los sufrimientos y los dolores. Los discípulos no lo vieron salir de la tumba; su resurrección pudo probarse viéndolo vivo después: pero lo vieron ascender al cielo; de lo contrario, no hubiesen tenido pruebas de su ascensión. Levantó las manos y los bendijo. No se fue descontento, sino con amor, dejando una bendición tras Él. Como resucitó, así ascendía, por su poder. Ellos le adoraron. Esta nueva muestra de la gloria de Cristo sacó de ellos nuevos reconocimientos. Volvieron a Jerusalén con gran gozo. La gloria de Cristo es el gozo de todos los creyentes verdaderos, ya en este mundo. Mientras esperamos las promesas de Dios, debemos salir a recibirlas con alabanzas. Nada prepara mejor la mente para recibir al Espíritu Santo. Los temores son acallados, las penas endulzadas y aliviadas, y se conservan las esperanzas. Esta es la base de la confianza del cristiano ante el trono de la gracia; sí, el trono del Padre es el trono de la gracia para nosotros, porque también es el trono de nuestro Mediador, Jesucristo. Descansemos en sus promesas e invoquémoslas. Atendamos a sus ordenanzas, alabemos y bendigamos a Dios por sus misericordias, pongamos nuestros afectos en las cosas de arriba, y esperemos la venida del Redentor para completar nuestra felicidad. Amén. Sí, Señor Jesús, ven pronto.



Copyright © la Biblia de Jerusalén, editada por Descleé de Brower ©

Comentario Bíblico de Matthew Henry

Autor: Matthew Henry, Traducido al castellano por Francisco la Cueva, Copyright © Spanish House Ministries | Unilit