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1 Samuel 2:1 - Biblia Nueva Versión Internacional 2022

1 Ana elevó esta oración: «Mi corazón se alegra en el Señor; en él radica mi poder. Puedo celebrar su salvación y burlarme de mis enemigos.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

1 Y Ana oró y dijo: Mi corazón se regocija en Jehová, Mi poder se exalta en Jehová; Mi boca se ensanchó sobre mis enemigos, Por cuanto me alegré en tu salvación.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

1 Luego Ana oró: «¡Mi corazón se alegra en el Señor! El Señor me ha fortalecido. Ahora tengo una respuesta para mis enemigos; me alegro porque tú me rescataste.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

1 Entonces Ana pronunció este cántico: 'Mi corazón se alegra con Yavé, lleno de fuerza me siento con Yavé; ya puedo responder a mis enemigos porque me salvaste, y soy feliz.

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La Biblia Textual 3a Edicion

1 Y Ana oró, diciendo: ¡Mi corazón se alegra en YHVH! ¡Mi fuerza° se exalta en YHVH! ¡Mi boca se sobrepone a mis enemigos, Por cuanto me regocijo en tu salvación!

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

1 Entonces Ana hizo esta plegaria: 'Salta de júbilo mi corazón por Yahveh, mi poder se exalta en Yahveh; mi boca se abre contra mis enemigos, pues me he alegrado con tu ayuda.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

1 Y Ana oró y dijo: Mi corazón se regocija en Jehová, mi cuerno es ensalzado en Jehová; mi boca se ensanchó sobre mis enemigos, por cuanto me alegré en tu salvación.

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1 Samuel 2:1
37 Referencias Cruzadas  

Más tarde, todos los de Judá y Jerusalén, con Josafat a la cabeza, regresaron a Jerusalén llenos de alegría porque el Señor los había librado de sus enemigos.


Matanías, hijo de Micaías, hijo de Zabdí, hijo de Asaf, que dirigía el coro de los que entonaban las acciones de gracias en el momento de la oración; Bacbuquías, segundo entre sus hermanos, y Abdá, hijo de Samúa, hijo de Galal, hijo de Jedutún.


»He cosido la ropa de luto en mi piel; en el polvo tengo enterrada la frente.


El Señor es mi fuerza y mi canción; ¡él es mi salvación!


Pero yo confío en tu gran amor; mi corazón se alegra en tu salvación.


¡Él ha dado poder a su pueblo! ¡A él sea la alabanza de todos sus fieles, de los hijos de Israel, su pueblo cercano! ¡Aleluya!


El Señor es mi roca, mi amparo, mi libertador; es mi Dios, la roca en que me refugio. Es mi escudo, el poder que me salva, ¡mi más alto escondite!


Nosotros celebraremos tu victoria y en el nombre de nuestro Dios desplegaremos las banderas. Que el Señor cumpla todas tus peticiones.


Le has concedido lo que su corazón desea; no le has negado lo que sus labios piden. Selah


Así mi alma se alegrará en el Señor y se deleitará en su salvación.


Abre, Señor, mis labios y mi boca proclamará tu alabanza.


Mi boca rebosa de tu alabanza y todo el día proclama tu grandeza.


Aniquilaré la altivez de todos los malvados y exaltaré el poder de los justos.


Porque tú eres su gloria y su poder; por tu buena voluntad aumentas nuestra fuerza.


Tú, Señor, eres nuestro escudo; tú, Santo de Israel, eres nuestro rey.


La fidelidad de mi gran amor lo acompañará, y por mi nombre será exaltada su fuerza.


para que en las puertas de la hija de Sión proclame tus alabanzas y me regocije en tu salvación.


Me has dado las fuerzas de un toro salvaje; me has ungido con el mejor aceite.


Entonces Moisés y los israelitas entonaron un cántico en honor del Señor, que decía: Cantaré al Señor, que se ha coronado de triunfo arrojando al mar caballos y jinetes.


Miriam les cantaba así: Canten al Señor, que se ha coronado de triunfo arrojando al mar caballos y jinetes.


Oración del profeta Habacuc. Según sigionot.


aun así, yo me regocijaré en el Señor. ¡Me alegraré en el Dios de mi salvación!


Nos envió un poderoso Salvador en la casa de David su siervo


Y no solo esto, sino que también nos regocijamos en Dios por nuestro Señor Jesucristo, pues gracias a él ya hemos recibido la reconciliación.


José es majestuoso como primogénito de toro; ¡poderoso como un toro salvaje! Con sus cuernos atacará a las naciones, hasta arrinconarlas en los confines del mundo. ¡Tales son las decenas de millares de Efraín, los millares de Manasés!».


Porque la circuncisión somos nosotros, los que por medio del Espíritu de Dios adoramos, nos enorgullecemos en Cristo Jesús y no ponemos nuestra confianza en esfuerzos humanos.


Alégrense siempre en el Señor. Insisto: ¡Alégrense!


No se preocupen por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias.


Ustedes lo aman a pesar de no haberlo visto; y aunque no lo ven ahora, creen en él y se alegran con un gozo indescriptible y glorioso,


»¡Alégrate, oh cielo, por lo que le ha sucedido! ¡Alégrense también ustedes, creyentes, apóstoles y profetas!, porque Dios, al juzgarla, les ha hecho justicia».


Penina, su rival, solía atormentarla para que se enojara, ya que el Señor la había hecho estéril.


Cada año, cuando iban a la casa del Señor, sucedía lo mismo: Penina la atormentaba, hasta que Ana se ponía a llorar y ni comer quería.


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