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1 Samuel 1:22 - Biblia Torres Amat 1825

22 Pero Ana no fué, habiendo dicho a su marido: No iré hasta que el niño esté destetado, y le lleve yo para presentarlo al Señor, y se quede allí para siempre.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

22 Pero Ana no subió, sino dijo a su marido: Yo no subiré hasta que el niño sea destetado, para que lo lleve y sea presentado delante de Jehová, y se quede allá para siempre.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

22 Pero Ana no los acompañó y le dijo a su esposo: —Esperemos hasta que el niño sea destetado. Entonces lo llevaré al tabernáculo y lo dejaré allí con el Señor para siempre.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

22 Ana no subió sino que dijo a su marido: 'Cuando el niño deje de mamar, lo llevaré yo misma donde Yavé y se quedará allí para siempre'.

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La Biblia Textual 3a Edicion

22 Pero Ana no subió, pues dijo a su marido: Esperaré hasta que el niño sea destetado; entonces yo misma lo llevaré para que se presente ante YHVH, y permanezca allí para siempre.

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

22 Pero Ana no subió, porque dijo a su marido: 'Cuando el niño haya sido destetado, lo llevaré yo y será presentado ante Yahveh, para que se quede allí para siempre'.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

22 Mas Ana no subió, sino dijo a su marido: Yo no subiré hasta que el niño sea destetado, y entonces lo llevaré para que se presente delante de Jehová, y se quede allá para siempre.

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1 Samuel 1:22
17 Referencias Cruzadas  

Juró el Señor, y no se arrepentirá, y dijo: Tú eres sacerdote sempiterno, según el orden de Melquisedec.


Y me seguirá tu misericordia todos los días de mi vida; a fin de que yo more en la casa del Señor por largo tiempo.


Una sola cosa he pedido al Señor, ésta solicitaré; y es que yo pueda vivir en la casa del Señor todos los días de mi vida; para contemplar las delicias del Señor, frecuentando su templo.


el dueño le presentará ante los dioses, esto es, a los jueces, y arrimándole a los postes de la puerta de su casa, le perforará la oreja con una lezna, y quedará esclavo suyo para siempre.


Lanzó el Señor una palabra contra Jacob , y cayó sobre Israel.


La tierra asimismo no se venderá para siempre, por cuanto es mía, y vosotros sois advenedizos y colonos míos.


Cumplido asimismo el tiempo de la purificación de la madre, según la ley de Moisés, llevaron al niño a Jerusalén , para presentarle al Señor,


Tres veces al año se presentarán todos sus varones ante el Señor Dios tuyo, en el lugar que señalare: en la fiesta de los ázimos, en la fiesta de las Semanas o Pentecostés, y en la fiesta de los Tabernáculos. Nadie comparecerá con las manos vacías delante del Señor;


les habéis de responder: Desaparecieron las aguas del Jordán a vista del Arca del Testamento del Señor, cuando iba ella pasándolo; por esto se pusieron esas piedras para eterno monumento de los hijos de Israel.


e hizo voto diciendo: Señor Dios de los ejércitos, si te dignares volver los ojos para mirar la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no olvidándote de tu esclava, dieres a tu sierva un hijo varón, lo consagraré al Señor por todos los días de su vida, y no pasará jamás navaja por su cabeza.


Por tanto, se lo tengo ofrecido, a fin de que le sirva mientras viva. Con esto, adoraron allí al Señor; y Ana, estando orando, prorrumpió en este cántico:


Dijo Samuel a Saúl: Has obrado neciamente, no cumpliendo los mandatos que te dio el Señor Dios tuyo. Que si no hubieras hecho eso, desde ahora el Señor hubiera asegurado para siempre tu reino sobre Israel.


Después de esto se volvió Elcana a su casa en Rámata; y el niño servía en el Tabernáculo, en la presencia del Señor, bajo la dirección del sumo sacerdote Helí.


Entretanto el niño Samuel, revestido de un efod o sobrepelliz de lino, ejercía su ministerio en la presencia del Señor.


Respondió David: Ahora verás lo que hará tu siervo. Y yo, le dijo Aquis, te confiaré para siempre mi guarda personal.


Entretanto el joven Samuel proseguía sirviendo al Señor bajo la dirección de Helí; y la palabra del Señor o revelación era rara, y por consiguiente, de mucha estima; no era común en aquellos días la profecía.


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