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Ezequiel 10:9 - La Biblia Textual 3a Edicion

9 Y miré, y he aquí cuatro ruedas junto a los querubines, una rueda junto a cada querubín, y la apariencia de las ruedas era como el resplandor del crisólito.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

9 Y miré, y he aquí cuatro ruedas junto a los querubines, junto a cada querubín una rueda; y el aspecto de las ruedas era como de crisólito.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

9 Me fijé y cada uno de los cuatro querubines tenía una rueda a su lado y las ruedas brillaban como el berilo.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

9 Vi cuatro ruedas colocadas al lado de los querubines (había una rueda al lado de cada querubín), y las ruedas resplandecían como piedras preciosas.

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

9 Miré y vi cuatro ruedas junto a los querubines, cada rueda al lado de cada querubín; el aspecto de las ruedas era como el centelleo del topacio.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

9 Y miré, y he aquí cuatro ruedas junto a los querubines, una rueda junto a un querubín, y otra rueda junto a otro querubín; y el aspecto de las ruedas era como el color de la piedra de berilo.

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Biblia Traducción en Lenguaje Actual

9-10 Al lado de los cuatro seres vi cuatro ruedas, una junto a cada uno de ellos. Las ruedas eran todas iguales y brillaban como si fueran piedras preciosas. Estaban puestas en forma de estrella, y parecían estar encajadas la una dentro de la otra.

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Ezequiel 10:9
6 Referencias Cruzadas  

Cada base tenía cuatro ruedas de bronce con ejes de bronce, y sus cuatro patas tenían soportes debajo de la fuente, los cuales eran de bronce fundido y tenían molduras a cada lado.


En cuanto a su apariencia, las cuatro tenían una misma semejanza, pero su hechura era como si una rueda estuviera encajada dentro de la otra


Y apareció en los querubines, por debajo de sus alas, como la apariencia de una mano humana.


Su cuerpo era como un crisólito, su rostro como un relámpago, y sus ojos como antorchas de fuego. Sus brazos y pies tenían la refulgencia del bronce incandescente, y el sonido de sus palabras era como el estruendo de una multitud.


el quinto, ónice;° el sexto, cornalina; el séptimo, crisólito; el octavo, berilo; el noveno, topacio; el décimo, crisopraso; el undécimo, jacinto; el duodécimo, amatista.


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