Ester 5:1 - Biblia Serafín de Ausejo 19751 Al tercer día, Ester se puso sus vestiduras reales y se presentó en el atrio interior del palacio real, frente a la cámara del rey. El rey estaba sentado en su trono real, en su cámara real, frente a la puerta del palacio. Ver CapítuloMás versionesBiblia Reina Valera 19601 Aconteció que al tercer día se vistió Ester su vestido real, y entró en el patio interior de la casa del rey, enfrente del aposento del rey; y estaba el rey sentado en su trono en el aposento real, enfrente de la puerta del aposento. Ver CapítuloBiblia Nueva Traducción Viviente1 Al tercer día del ayuno, Ester se puso las vestiduras reales y entró en el patio interior del palacio, que daba justo frente a la sala del rey. El rey estaba sentado en su trono real, mirando hacia la entrada. Ver CapítuloLa Biblia Textual 3a Edicion1 Al tercer día sucedió que Ester vistió sus atavíos reales, y se presentó en el patio interior de la casa del rey, frente a la cámara real, y el rey estaba sentado en su trono real, dentro de la cámara real, frente a la entrada del palacio.° Ver CapítuloBiblia Reina Valera Gómez (2023)1 Y aconteció que al tercer día se vistió Esther su vestido real, y se puso en el patio interior de la casa del rey, frente al aposento del rey; y el rey estaba sentado en su trono regio en el aposento real, frente de la puerta del aposento. Ver CapítuloBiblia Traducción en Lenguaje Actual1 Tres días después, Ester se puso su vestido de reina, se fue a la entrada de la sala del palacio donde está el trono, y se detuvo frente al rey. Ver Capítulo |
'Todos los servidores del rey y el pueblo de todas sus provincias saben que hay una ley suya, en virtud de la cual todo hombre o mujer que se presente ante el rey, en el atrio interior, sin haber sido llamado, es condenado a muerte; sólo se salva aquel hacia quien el rey tiende su cetro de oro. Yo no he sido llamada para presentarme al rey desde hace treinta días'.
Mardoqueo se fue e hizo punto por punto todo lo que Ester le había mandado. Oró al Señor, recordando todas sus maravillas, y dijo: '¡Señor, Señor, Rey omnipotente! Bajo tu poder está todo el universo y no hay quien pueda oponerse a ti cuando tú quieres salvar a Israel. Por que tú hiciste el cielo y la tierra y todo cuanto hay de admirable bajo el cielo. Tú eres Señor de todas las cosas y no hay quien a ti te resista, Señor. Tú todo lo conoces. Tú sabes, Señor, que no por altivez ni por orgullo ni por vanagloria, me negué a postrarme ante el soberbio Amán; porque dispuesto estaba yo a besar las plantas de sus pies por la salvación de Israel. Pero yo no lo hice, para no poner la gloria de un hombre por encima de la gloria de Dios; y a nadie adoraré fuera de ti, Señor mío, aunque no es el orgullo quien guía mi conducta. Y ahora, Señor, Dios Rey, Dios de Abrahán, perdona a tu pueblo, porque están maquinando cómo exterminarnos, y están deseando que perezca lo que es tu heredad desde el principio. No descuides esta tu porción, la que para ti rescataste de la tierra de Egipto. Escucha mi plegaria y muéstrate propicio a tu heredad; convierte nuestro duelo en regocijo, para que, viviendo, cantemos himnos a tu nombre, Señor, y no cierres la boca de los que te alaban'. Y todo Israel clamó con toda su fuerza, porque tenían la muerte a la vista. La reina Ester, presa de angustia mortal, buscó refugio en el Señor. Y despojándose de sus magníficos vestidos, se vistió con los de aflicción y duelo. Y en vez de exquisitos perfumes, cubrió su cabeza de ceniza y de polvo. Humilló duramente su cuerpo; y sus descuidados cabellos sustituyeron todo su radiante tocado. Y oraba al Señor, Dios de Israel, diciendo: 'Señor mío, Rey nuestro, tú eres único. Socórreme a mí que estoy sola y no tengo otro auxilio sino a ti; porque me amenaza de cerca el peligro. Yo oí desde mi infancia en la tribu de mis padres que tú, Señor, escogiste a Israel de entre todas las naciones, y a nuestros padres de entre todos sus antepasados como herencia eterna, y que hiciste por ellos cuanto les dijiste. Ahora hemos pecado delante de ti, y por eso nos has entregado en manos de nuestros enemigos, pues habíamos dado gloria a sus dioses. ¡Justo eres, Señor! Y aún no quedaron contentos con lo amargo de nuestra esclavitud, sino que han puesto sus manos en las manos de sus ídolos, para borrar el decreto de tu boca y exterminar tu heredad; para cerrar la boca de quienes te alaban y extinguir la gloria de tu casa y de tu altar: para abrir con ello la boca de la gente, a fin de que celebren las proezas de sus ídolos y veneren por siempre a un rey de carne. No entregues, Señor, tu cetro a los que nada son, que no se burlen de nuestra caída: antes vuelve contra ellos su designio y manda un escarmiento al hombre que se alzó contra nosotros. Acuérdate, Señor, y date a conocer en el tiempo de nuestra aflicción; y dame a mí valor, Rey de los dioses y dominador de toda potestad. Pon palabras armoniosas en mi boca cuando yo esté en presencia del león, y cambia el odio de su corazón contra aquel que nos hace la guerra, para ruina suya y la de quienes piensan como él. Líbranos por tu mano y ayúdame a mí, que estoy sola y no tengo, Señor, sino a ti. Tú todo lo conoces, y sabes que odio la gloria de los impíos, y que abomino el lecho de los incircuncisos y el de todo extranjero. Tú conoces mi dura situación: abomino el emblema de mi encumbramiento que llevo en mi cabeza al presentarme en público. Lo abomino como paño de inmundicia menstrual, y no lo llevo en mis días de descanso. Tu esclava no ha comido a la mesa de Amán, no ha tenido a honra el banquete del rey, ni ha bebido el vino de las libaciones. Tu esclava no ha tenido alegría desde su encumbramiento hasta ahora mismo, sino sólo en ti, Señor, Dios de Abrahán. ¡Oh Dios que tienes poder sobre todos! Escucha la voz de los que están sin esperanza. Líbranos del poder de los malvados. Y líbrame a mí de mi temor'.