1 Dichoso el hombre que no sigue el consejo del impío, ni en el camino del errado se detiene, ni en la reunión de los malvados toma asiento, 2 sino que en la ley divina se complace y sobre ella medita, día y noche. 3 Es como árbol plantado en los arroyos, que da el fruto a su tiempo y sus hojas no se secan: en todo lo que hace tiene éxito. 4 No así son los impíos, sino como la paja que se lleva el viento. 5 Por eso no podrán ni el impío sostenerse en el juicio ni en la asamblea de los justos el errado, 6 pues conoce el Señor el camino del justo, mientras va a la perdición la senda del impío. |
Copyright © Serafín de Ausejo 1975.