1 Oración. De David. Inclina, Yahvé, tus oídos y óyeme, porque estoy afligido y soy un menesteroso. 2 Guarda mi alma, pues que soy tu devoto; salva, mi Dios, a tu siervo, que en ti confía.' 3 Ten piedad de mí, ¡oh Yahvé! pues te invoco todo el día. 4 Alegra el alma de tu siervo, porque a ti, ¡Señor! alzo mi alma. 5 Pues tú eres, Señor, indulgente y bueno y de gran piedad para los que te invocan. 6 Escucha, ¡oh Yahvé! mi oración y atiende a la voz de mi plegaria. 7 En el día de mi angustia te llamo, porque me has de escuchar. 8 No hay, Señor, en los dioses semejante a ti, y nada hay que iguale tus obras. 9 Todas las gentes que tú hiciste, vengan, Señor, a postrarse ante ti y honren tu nombre. 10 Pues que tú eres grande y obras maravillas, tú eres el solo Dios. 11 Enséñame, ¡oh Dios! tus caminos, para que ande yo en tu fidelidad y mi corazón únicamente tema tu nombre. 12 Yo te alabaré, Señor, Dios mío, con todo mi corazón, y glorificaré tu nombre por siempre. 13 Pues tu piedad ha sido grande para mí por haber liberado mi alma del fondo del averno. 14 ¡Oh Dios! gentes soberbias se alzan contra mí, una banda de violentos buscan mi alma, y no te prestan ninguna atención9. 15 Pero tú, Señor, eres Dios clemente y compasivo, magnánimo y de gran piedad y fidelidad. 16 Vuélvete hacia mí y ten piedad de mí; fortalece a tu siervo y salva al hijo de tu esclava.' 17 Haz conmigo un signo de bondad, y, viéndolo, confúndanse los que me odian; pues tú eres Yahvé, que me socorres y me consuelas.' |
Alberto Colunga Cueto, y Eloíno Nácar Fúster. 1944©