1 Al maestro del coro. Sobre: “No destruyas.” Miktam. De David. 2 ¿Hacéis justicia en verdad, oh jueces? ¿Juzgáis rectamente a los hijos de los hombres? 3 Más bien a sabiendas obráis la iniquidad; vuestras manos hacen que en la tierra domine la violencia.' 4 los impíos se han desviado desde el seno (materno); los mentirosos se han extraviado desde el vientre.' 5 Tienen veneno como de serpientes, cual áspid sordo, que cierra su oído 6 para no oír la voz de los encantadores, del encantador hábil en encantaciones. 7 Quiébrales, ¡oh Dios! los dientes en la boca; rompe, ¡oh Yahvé! las quijadas de estos leoncillos.' 8 Desaparezcan como agua que se va, que se marchiten como musgo que se pisa;' 9 sean como el caracol, que se deslíe caminando; como aborto de mujer, que no ve el sol.' 10 Antes que vuestras calderas sientan el fuego de las espinas, verdes o secas, lléveselas el torbellino. 11 Se alegrará el justo al ver el castigo, bañará sus pies en la sangre del impío. |
Alberto Colunga Cueto, y Eloíno Nácar Fúster. 1944©