1 Al maestro del coro. Salmo de David. 2 Bienaventurado el que se preocupa por el necesitado y el desvalido ; en el día malo le librará Yahvé.' 3 Le guardará Yahvé y le dará vida. Será dichoso sobre la tierra y no lo entregará a la animosidad de sus enemigos. 4 Le sostendrá Yahvé en el lecho del dolor; le aliviará sobre su lecho en su enfermedad.' 5 Yo digo: ¡Oh Yahvé, ten piedad de mí! ¡Sana mi alma, porque pequé contra ti! 6 Mis enemigos hablan hostilmente contra mí: “¿Cuándo se morirá y perecerá su nombre?” 7 Si vienen a verme, hablan mentirosamente; su corazón rezuma maldad, y, saliendo fuera, se desahogan en palabras.' 8 Reunidos los que me odian, murmuran contra mí y maquinan el mal contra mí: 9 ”Un mal infernal se ceba en él; se acostó para no volver a levantarse.” 10 Aun el que tenía paz conmigo, aquel en quien me confiaba y comía mi pan, alzó contra mí su calcañal. 11 Pero tú, ¡oh Yahvé! ten piedad de mí; haz que me levante, y entonces les daré su merecido.' 12 En esto conoceré que te complaces en mí, en que no triunfe mi enemigo sobre mí;' 13 y tú me mantendrás incólume y me guardarás por siempre en tu presencia. |
Alberto Colunga Cueto, y Eloíno Nácar Fúster. 1944©