1 Replicó Sofar de Naamat, diciendo: 2 ¿La multitud de las palabras no va a tener respuesta? ¿Va a ser el hombre verboso el que tenga razón? 3 ¿Tus charlatanerías van a hacer callar a los hombres? ¿Vas a burlarte sin que nadie te confunda? 4 Tú dices: “Mi doctrina es pura y estoy limpio a tus ojos.” 5 ¡Ojalá hablara Dios y abriera sus labios contigo 6 para descubrirte los secretos de la sabiduría (pues son ambiguos para el entendimiento), y conocerías que Dios te ha condonado parte de tus culpas! 7 ¿Podrás descubrir tú el misterio de Dios? ¿Llegarás hasta la perfección del Omnipotente? 8 Es más alto que los cielos. ¿Qué harás? Es más profundo que el “seol.” ¿Qué entenderás? 9 Es más extenso que la tierra, más ancho que el mar. 10 Si pasa, aprisiona y cita a juicio, ¿quién podrá contrarrestarle? 11 Pues conoce a los hombres falaces y ve la iniquidad sin mucho reflexionar. 12 Así, el necio se hace discreto, y como pollino de onagro nace el hombre. 13 Si tú dispusieras tu corazón y extendieras a El sus manos;' 14 si alejaras de tus manos la maldad y no dieras acogida en tu tienda a la iniquidad, 15 alzarías ciertamente tu rostro sin tacha, te sentirías seguro y no temerías. 16 Te olvidarías entonces de las penas, o, si de ellas te acordaras, sería como de agua que pasó. 17 Y más radiosa que el mediodía surgiría tu existencia, y la oscuridad sería como la mañana, 18 y vivirías confiado de lo que te esperaba, y, sintiéndote protegido, te acostarías tranquilo. 19 Reposarías sin que nadie te inquietase, y muchos adularían tu rostro. 20 Pero los ojos de los malvados se consumirán, faltándoles el refugio, y su esperanza será el último suspiro. |
Alberto Colunga Cueto, y Eloíno Nácar Fúster. 1944©