Pésalos, ¡oh Dios! en la medida de su iniquidad, tú que abates a los pueblos en tu cólera.
Mis huidas tú has contado; Pon mis lágrimas en tu redoma; ¿No están ellas en tu libro?
Tú llevas la cuenta de todas mis angustias y has juntado todas mis lágrimas en tu frasco; has registrado cada una de ellas en tu libro.
Tu contaste mis disgustos, recogiste mis lágrimas en tu odre.
Tú has contado mi deambular, Pon mis lágrimas en tu redoma. ¿No están ellas en tu Rollo?
¿Tendrán de su maldad una evasión? A la furia de los pueblos arrójalos, oh Dios.
Mis andanzas tú has contado; pon mis lágrimas en tu redoma: ¿No están ellas en tu libro?