¿Qué sucede en las Iglesia, estamos adorando o nos entretenemos?

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Reflexiones Cristianas

ADORACION-O-ENTRETENIMIENTO
ADORACION O ENTRETENIMIENTO

Todos los principales reformadores fueron, ante todo, hombres de la Palabra. Sus iglesias se construyeron en torno a la sana doctrina de las Escrituras. Nada podía cuestionar la centralidad del púlpito cristiano. Pero parece que nuestro movimiento evangélico contemporáneo está comenzando lentamente a deslizarse por las laderas del oscuro monte de la confusión. 

¿Quién sería tan insensato como para poner en tela de juicio la cantidad de nuestros cantos o dudar de la espiritualidad de nuestros líderes de alabanza? La música nos hace sentir tan bien, ¿verdad? Simplemente tiene que venir de Dios. Sin problemas reducimos el tiempo asignado a la comunidad fraternal e incluso a la predicación de la Palabra en nuestros cultos dominicales, pero no la música. ¡Ni hablar! “¡Danos cinco, diez o quince minutos más!” A todo el mundo le encanta el tiempo de adoración.

Una vez más, no soy anti-música como tal. ¡Para nada! Me encanta alabar al Señor por medio de himnos y canciones. Sin embargo, me opongo a la música cuando se vuelve tan importante que el enfoque se quita de la Palabra de Dios. He asistido a reuniones en los últimos años que estaban simplemente llenas de música y dejaban unos minutos para tener una breve ‘palabra’ al final. ¿Pero esto qué es? ¡Jesús quiso una iglesia construida sobre su enseñanza! Nunca pronunció una sola palabra acerca de la música.

También me opongo a la música cuando se diluye en un simple entretenimiento. Esto es lo que estoy presenciando cada vez más como predicador. Voy a eventos para compartir la Palabra y en lugar de adorar, somos entretenidos con cautivadores solos, técnicas de danza y canto y otras cosas similares.

Ahora bien, yo no recomendaría ir tan lejos. Pero sin duda, algo se tiene que hacer para redirigir el rumbo de nuevo hacia la roca de la Palabra de Dios. La música, como tantas cosas, puede ser útil en la medida en que la utilizamos para la gloria de Dios; pero se debe poner en su debido lugar. Debe ser teológicamente correcta.

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