Las enemigas del reino de Dios. ¡Conoce como actúan!

La iglesia se está enfrentando fuertemente a estas influencias, que desde la antigüedad Satanás ha operado a través de ellas. El ataque más grande que ha ejercido Satanás en los últimos tiempos, es al ministerio profético.

Aunque todas estas influencias demoníacas operan hoy en día, una de las que más ataca, es la de Jezabel.

El Espíritu de Jezabel manipula, controla, seduce, y no le gusta estar bajo autoridad. Conoce la Biblia, pero no la vive, divide y destruye relaciones divinas.

Le gusta sembrar discordia solo para alimentar su agenda maligna. Actúa con rebeldía, amenaza a todo aquel que se le opone. Usa la mentira como un estilo de vida, tiene hambre por el poder, y le gusta usurpar la autoridad.

Tiene alianzas con espíritus de celo, murmuración, queja y critica. No le gusta trabajar en equipo, es autosuficiente y está ligada al ocultismo y la hechicería. Evita ser descubierta, tiene una alianza religiosa. Es lisonjera y chismosa y tiene apariencia de piedad. Tiene un gran ego de sí misma y a menudo se exalta en público.

A causa de la baja autoestima interna que tiene se siente amenazada cuando alguien con unción divina, fluye en los dones de revelación. Su blanco de influencias son las MUJERES; pero en un 90% también actúa en hombres. 1 reyes 21:25.

Jezabel aborrece estas cosas:
-El arrepentimiento.
-la humildad de corazón.
-el sometimiento.
-la palabra de fuego con unción profética.
-la intersección y él ayuno.
-su odio es contra DIOS y sus escogidos.

Debemos estar alerta y no ignorar las maquinaciones del diablo (2 Corintios 2:11), pero aunque Satanás siempre intente atacar la iglesia de Cristo, tenemos las armas espirituales para derribar todo lo que él trate de levantar en contra del pueblo de Dios, porque mayor es el que está con nosotros, que el que está en el mundo, el Espíritu Santo.

«Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas». 2 Corintios 4:10.

«Porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo». 1 Juan 4: 4.

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