George Müller, el misionero con más de 50.000 oraciones contestadas por Dios «¡Dios nunca me ha fallado!»

George Müller Nació en 1805, en Prusia y creció en una familia de principios cristianos. A pesar que nunca tuvo una biblia para leer durante ese periodo de su vida.

George Múller
George Múller

A la edad de 10 años fue enviado al colegio con el fin de prepararse para el ministerio; sin embargo no con una conciencia clara del servicio a Dios, por el contrario, fue con la intención exclusiva de conseguir una carrera y vida cómoda.

En sus inicios su vida estuvo marcada por robos, apuestas, mentiras, fraudes, entre otras actividades ilícitas, lo cual lo condujo a la prisión a la edad de 17 años.

Su padre, en busca de darle una formación cristiana que le llevara a tomar parte en alguna posición lucrativa del clero, le hizo estudiar Divinidad en la Universidad de Halle. En aquel lugar fue invitado a una reunión entre cristianos en un hogar, de donde obtuvo curiosidad por el estudio y lectura de la Biblia. Esto causó un gran impacto en su vida, lo que lo llevó a abandonar la bebida y la mentira.

Pasión por los huérfanos

El ministerio más conocido de George Müller tuvo que ver con los orfanatos, el cual comenzó en 1834 en su propia casa con una especie de albergue para treinta niñas. La obra continuó creciendo, al punto que fue necesario construir un edificio distinto, terminado en 1849, con capacidad para 300 niños y niñas. Veintiún años después, cerca de 2.000 niños estaban hospedados en unos cinco hogares de este tipo.

El mayor de todos los emprendimientos de Muller fue la construcción y mantenimiento de los grandes orfanatos en Bristol. Comenzó la empresa con solo dos chelines (50 centavos) en su bolsillo; pero en respuesta a la oración y sin dar a conocer sus necesidades a los seres humanos, recibió los medios necesarios de parte de Dios y de maneras sobrenaturales para erigir los grandes edificios y alimentar a los huérfanos día a día durante sesenta años.

En todo ese tiempo, los niños no pasaron ni un día sin comida, y el Sr. Muller dijo que si alguna vez faltaba siquiera una comida, él lo tomaría como evidencia de que el Señor no quería que el trabajo continuara. A veces, la hora de la comida estaba casi a la mano y no sabían de dónde vendría la comida, pero el Señor siempre la enviaba a su debido tiempo durante los veinte mil o más días que el Sr. Muller tenía a su cargo las casas.

Un testimonio de provisión de Dios incluso después de su muerte

En 1836, Muller comenzó la Institución del Conocimiento de las Escrituras para el hogar y el extranjero. Su objetivo era ayudar a las escuelas cristianas, ayudar a los misioneros y hacer circular las Escrituras. Esta institución, sin patrocinio mundano, sin pedir ayuda a nadie, sin contraer deudas; sin comités, suscriptores o membresías; pero a través de la fe solo en el Señor, había obtenido y desembolsado no menos de una suma de £ 1,500,000 ($ 7,500,000) al momento de la muerte del Sr. Muller. La mayor parte de esto se gastó para el orfanato.

En el momento de la muerte del Sr. Muller, 122,000 personas habían sido enseñadas en las escuelas apoyadas por estos fondos; y alrededor de 282,000 Biblias y 1,500,000 Nuevos Testamentos habían sido distribuidos por medio del mismo fondo. También 112,000,000 de libros religiosos, panfletos y tratados habían circulado; los misioneros habían recibido ayuda en todas partes del mundo; y no menos de diez mil huérfanos habían sido atendidos por medio de este mismo fondo.

La obra de Müller fue prueba de la providencia de Dios supliéndole en todo momento. Muchas veces, careciendo de alimentos que dar a los niños, recibía apenas horas antes donaciones anónimas para los mismos. En aquellos hogares, los niños recibían una buena educación, buena alimentación y buen vestido, llevándose consigo Biblias cuando partían de los mismos.

Se ha estimado que Dios le contesto más de 50.000 oraciones, según su diario, en el cual escribió:

«¡Dios nunca me ha fallado! Por casi 70 años cada necesidad en conexión con este trabajo ha sido suplida, contestada. Todo porque creo en la oración”.

Sus seguidores cuentan historias interesantes sobre él

Entre ellos, uno cuando Müller oraba en su habitación, y su fama ya era notoria, la reina de Inglaterra vino a su casa, y su doncella llamó a la puerta de su habitación y le dijo: «Sr. Müller la reina está en la habitación, queriendo hablarle». Y él respondió: «Dile a la Reina que no puedo hacerlo ahora, porque estoy hablando con el Rey de Reyes y no la atenderé».

En otra ocasión, su orfanato amaneció sin comida para los más de 1,000 huérfanos en ese momento. Y la desesperación se apoderó de todo el personal, pero Müller dijo: «No le pido nada al hombre, mi pacto es con Dios». Entró en su habitación y oro: “Padre de los huérfanos, falta pan. En el nombre de Jesús. Amén».

Después de unos minutos, varios carros con pan pasaron por la puerta del orfanato y el jefe dijo: “Sr. Müller fui a entregar estos bollos a la familia real en el castillo, y dijeron que los bollos estaban demasiado horneados y que, para no jugar, decidimos dárselos al orfanato”.

Müller dijo: «No fueron los panes los que pasaron el punto, sino Dios quien respondió nuestra oración y tuvo misericordia de nosotros».

Una vez se encontraba cruzando el Atlántico pues se dirigía a una conferencia en Canadá, la densa niebla era totalmente cegadora. Era difícil conducir un barco en tanta niebla, podría chocar con otra nave. Se arrodilló al lado del Capitán y oró, pidiéndole a Dios que la niebla se desapareciera. Cuando fueron a cubierta el Capitán se veía asombrado, se quedó sin habla. La niebla se había desaparecido completamente, y pudo llegar a Canadá sin contra tiempos.

La edad no es impedimento para servir a Dios

A la edad de setenta años, el Sr. Muller comenzó a hacer grandes giras evangelísticas. Viajó 200,000 millas, dando la vuelta al mundo y predicando en muchas tierras y en varios idiomas diferentes. Con frecuencia hablaba con hasta 4.500 o 5.000 personas. Predicó tres veces a lo largo y ancho de los Estados Unidos. Continuó sus giras misioneras o evangelísticas hasta los noventa años. Se estima que durante estos diecisiete años de trabajo evangelístico se dirigió a tres millones de personas. Todos sus gastos fueron enviados en respuesta a la oración de fe.

La Oración de Fe era lo que practicaba. Algunas de sus oraciones no habían sido contestadas tan rápido, pero fueron contestadas todas.

El oró por 50 años por dos hombres, hijos de un amigo para que se convirtieran a Dios. Un poco después de su muerte, ambos hombres aceptaron a Jesús como su salvador y Dios. Uno de ellos se convirtió en el funeral de Muller.

Muller decía que cuando Dios lo inquietaba a orar por lo que fuera el no se daba por vencido hasta que la oración fuera contestada.

En su vida leyó la Biblia más de 200 veces, 50 de rodillas y antes de su muerte. Cuando un periodista le preguntó qué le gustaría hacer aún, de rodillas respondió: «Leer más de la Biblia, porque todavía sé poco de la excelencia de Cristo».

Müller fue un hombre de oración hasta la muerte, fue encontrado sin vida hincado en su habitación el 10 de marzo de 1898, dejando como ejemplo su fe en la providencia de Dios, teniendo pleno conocimiento y certeza en que Dios no desampara a los suyos.

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