Divertirse no es perder el tiempo divertirse es agradar a Dios

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¿Cómo sabemos que Dios quiere divertirse?

A todos nos encanta divertirnos, pero en ocasiones llegamos a sentirnos culpables pues creemos que perdemos el tiempo.

¿Realmente es buena idea jugar en el parque con un frisbee cuando podría estar trabajando en algo que importa? ¿Puedo pasar una tarde de video-juegos en lugar de planificar los quehaceres? ¿Como un adulto responsable, debo valorar mi trabajo y olvidarme de pensar en divertirme?

Caemos en un orgullo o un concepto de madurez tan errado. Trabajamos largas horas para ganar un salario bien pagado. Eso es bueno y recomendable. Muchos sermones y libros excelentes han sostenido con razón nuestra obligación moral de luchar contra la pereza y sustentar a nuestros seres queridos. Pero si no podemos encontrar una manera de disfrutar de los placeres simples dados por Dios de la vida y el juego, sólo nos destinamos nosotros mismos a la muerte segura.

Por supuesto, que debemos tener un orden y estar alerta con los excesos. Pero liberarse de la presión del trabajo por medio de un día de diversión es un camino de una vida llena de paz; Dios nos brinda de una maravillosa naturaleza, de buena salud y de seres queridos con los cuales divertirnos.

La verdadera diversión esta muy lejos de llevar nuestra vida a los vicios y conceptos equivocados de “pasarla bien”. El mundo enseña una falsa diversión y podemos llegar a ser tan miopes que nos perdemos las intenciones de Dios para la diversión el juego y celebración.

¿Cómo sabemos que Dios quiere divertirse? Sólo tenemos que abrir las Escrituras:

Israel iba a tener días de alegría (Números 10:10) que incluyeron celebraciones de la victoria y festivales. el pueblo celebrara durante varios días. Se conocía como fiesta del Pentecostés o fiesta del Tabernáculo (Deuteronomio 16: 9-17).

Piénsalo. Los israelitas estaban bajo mandato divino para celebrar y dar gracias a Dios por la buena comida y el buen vino para divertirse con Él; Dios tomó su felicidad tan en serio que amenazó al exilio a su pueblo si no “sirven al Señor su Dios con alegría y con gozo de corazón, por la abundancia de todas las cosas” (Deuteronomio 28: 47-48).

La Alegría tiene un propósito. Es la intención de apuntarnos a Dios en la adoración.

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