Filósofa expresó “El feminismo debe ayudar a la embarazada a trabajar, no a abortar”

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Filósofa expresó “El feminismo debe ayudar a la embarazada a trabajar, no a abortar”

Es belga, está casada, tiene tres hijos, una licenciatura en Filosofía y un máster en Ciencias Sociales por la Sorbona de París. Y tiene sólo 32 años. Pero Thérèse Hargot no sólo contradice la “antítesis contemporánea (que tiene su símbolo en la anticoncepción) según la cual la maternidad y la carrera son inconciliables”, pues estudió estando ya casada y con hijos, sino que, bella y para nada vulgar, demuestra también que la mujer vale por su modestia.

Esta joven filósofa francesa es muy decidida y tiene una gran seguridad en sí misma, precisamente porque sabe que la “ambivalencia femenina” se resuelve en la confianza en la figura masculina. Es más: como no creyente, demuestra que “la visión del hombre que tiene la Iglesia es verdadera no sólo para quien tiene fe”, sino para todo hombre razonable. Estos son los temas que Hargot ha afrontado durante la última etapa de su gira italiana en la que ha presentado su obra Una juventud sexualmente liberada.

En su libro usted habla del aborto como una consecuencia de la anticoncepción, y después explica que la verdadera libertad está en poner en práctica los métodos naturales. El hecho que las mujeres puedan conocer su propio cuerpo les da una gran autonomía, pero también se la da a sus hombres. Para mí, la verdadera libertad no reside en depender de un médico que me prescriba los anticonceptivos y de una empresa farmacéutica que los produzca.

Sostiene que la anti-concepción es responsable de una visión social que ha convertido a la figura de la madre en la antítesis de la mujer trabajadora, Cuando la mujer contemporánea llega al momento fatal del nacimiento del primer hijo se da cuenta de que hay una incompatibilidad entre estos dos papeles. No porque sean incompatibles de por sí, sino porque nuestra sociedad los ha hecho tales, empujando a la mujer a hacer carrera como si fuera un hombre, según unas modalidades que no le pertenecen, que no le son afines.

El nuevo feminismo, debería, por el contrario, luchar para que el mundo del trabajo permita a las mujeres hacer carrera teniendo en cuenta su papel de madre, En este sentido, el feminismo ha fracasado. La verdadera revolución social, el nuevo feminismo, debería, por el contrario, luchar para que el mundo del trabajo permita a las mujeres hacer carrera teniendo en cuenta su papel de madre.

A través de la flexibilidad o según tiempos y modalidades adaptadas a la naturaleza femenina. Sería también necesario ayudar a las adolescentes a confiar en sus cuerpos y en sus deseos, también el de formar una familia sin contraponerlo a la voluntad de hacer carrera. Porque la maternidad valoriza a la mujer en sus capacidades.

La anticoncepción es el resultado de una visión “libertina” resumida en el eslogan: “Mi cuerpo es mío y lo gestiono yo”. Y, sin embargo, nunca como en el siglo feminista la mujer se ha transformado en un objeto.




Sí, predicar que “mi cuerpo es mío” y, por consiguiente, “lo gestiono yo” ha transformado el cuerpo femenino en un objeto. Esta misma frase, de hecho, justifica la comercialización consensuada del cuerpo. Lo vemos con el vientre de alquiler: “Si la mujer quiere -se oye decir-, lo puede hacer”.

El problema es que quien está de acuerdo con este eslogan no tiene argumentos teóricos con los que confutar, por ejemplo, la práctica de los servicios sexuales de las adolescentes a cambio de dinero o de móviles. Por este motivo creo que es una hipocresía por parte de esas feministas que se oponen a estas prácticas o al vientre de alquiler sin reconsiderar las premisas de su pensamiento, resumido en ese eslogan.

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