Aterrador! Fue lo que vivió un niño de tan solo 8 años luego que fue torturado por 13 días llevándolo a la muerte.

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El segundo día del juicio en contra de Isauro Aguirre, uno de los acusados de torturar y asesinar al niño Gabriel Fernández, arrojó nuevos detalles sobre los abusos que sufrió los días previos a su muerte, en mayo de 2013: maltrato físico evidenciado por los moretones que tenía en todo el cuerpo, además de los dientes que le arrancaron, la fractura del cráneo y las lesiones en los genitales.

Una segunda ronda de testigos se presentó este martes en el tribunal donde Isauro Aguirre enfrenta la justicia por la muerte y la tortura del niño Gabriel Fernández, quien a la edad de 8 años habría sido asesinado en mayo de 2013 tras ocho meses del maltrato físico al que fue sometido supuestamente por su propia madre y el padrastro.

La Fiscalía de Los Ángeles nuevamente interrogó a los expertos médicos y a los agentes del orden que vieron el cuerpo “golpeado, quemado y magullado” del pequeño.

Las declaraciones una vez más dieron constancia de los meses de abusos que sufrió el menor y de los 13 días de tortura previos a su muerte, los cuales culminaron en una violenta golpiza que lo dejó postrado en una cama de hospital con muerte cerebral.

“Cada centímetro de Gabriel estaba magullado e hinchado. Su piel era de color morado”, declaró una de las enfermeras que atendió al niño antes de morir.

El testimonio se escuchó en el segundo día del juicio en contra de Isauro Aguirre, de 37 años, quien podría enfrentar la pena de muerte si es declarado culpable, al igual que Pearl Fernández, madre del niño, quien enfrenta juicio por separado.

El fiscal Jonathan Hatami también presentó como testigo de cargo a Jonathan Beck, un agente del Sheriff de Los Ángeles que ofreció detalles adicionales sobre la gravedad de las heridas del pequeño y habló acerca del comportamiento de Pearl Fernández, la madre del menor y presunta cómplice.

El agente del orden habló de los moretones, las ligaduras de estrangulamiento en el cuello y las lesiones en los genitales del niño.

“Su pene parecía como si alguien hubiera intentado cortarlo”, dijo el alguacil Beck ante el jurado compuesto por siete mujeres y cinco hombres.

El oficial añadió que la madre nunca indagó cómo seguía su hijo luego de que en una ocasión el niño fuera hospitalizado por perder el conocimiento: “Ella preguntó por sus otros dos hijos, pero nunca preguntó acerca de Gabriel”.

Durante la audiencia el fiscal Hatami mostró fotos del cuerpo de la víctima para asegurar que se trataba de una “tortura sistemática” la que sufrió el niño, presuntamente porque su madre, y el novio de ella, Isauro Aguirre, consideraban que “Gabrielito” era gay.

La Fiscalía explicó que dos semanas antes de morir, el niño fue retirado de su escuela con el pretexto de que se había mudado a la casa de una abuela en Texas.

“Los acusados conspiraron juntos para engañar a todos para así poder torturar a Gabriel hasta la muerte”, arremetió el fiscal Hatami.

Una maestra luego encontró una nota dentro del escritorio de la víctima que decía: “Te amo mamá y Gabriel es un niño bueno”.

El niño era forzado a dormir dentro de un gabinete ubicado en la recámara de los acusados, con un calcetín dentro de la boca y una venda sobre los ojos, detalló el procurador.

La noche del 22 de mayo de 2013 Aguirre lo habría golpeado a puño cerrado tantas veces que hasta perdió la cuenta, señala la acusación. La golpiza se debió porque supuestamente Gabriel se rehusó a guardar sus juguetes.

Aguirre posteriormente confesó a los investigadores que le dio 10 golpes en la cabeza y al menos 20 en el cuerpo. La Procuraduría agregó que el acusado estrelló la cabeza del menor contra una pared con tanta fuerza que le habría fracturado el cráneo.

“Le dio un puñetazo y le siguió dando puñetazos”, explicó Hatami, hasta que “Gabrielito” perdió el conocimiento y tuvo que ser hospitalizado. Los médicos indicaron que el niño tenía muerte cerebral. Dos días después, el 24 de mayo, murió.

En aparente argumento de defensa, Isauro Aguirre y Pearl Fernández, quienes enfrentan juicios separados, habrían declarado a las autoridades que al niño “le gustaba golpearse a sí mismo, que era gay y que quería matarse”.

Desde que fue retirado de la escuela y hasta que llegó al hospital, “Gabrielito” sufrió 13 días de tortura, pero el infierno en el que vivió duró ocho meses, a partir del día que Pearl Fernández reclamó y obtuvo la custodia de su hijo en septiembre de 2012, según la exposición de la Fiscalía.

Los abuelos maternos obtuvieron la custodia de Gabriel a los pocos meses de que nació, ya que la mamá tenía serios problemas con el consumo de drogas, pero siete años después y luego de una breve estadía en un centro de rehabilitación para drogadictos, Pearl Fernández recuperó a su hijo, aunque sólo para poder obtener beneficios de la asistencia pública y más reembolso en la declaración de impuestos, según documentos judiciales.

Fuente Univision Noticias

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