La palabra "viernes", quinto día de la semana en el calendario gregoriano, posee una rica historia y un significado que va más allá de su simple posición en la semana. Su origen etimológico se encuentra en el latín Veneris (dies), que significa "día de Venus".
Venus, en la mitología romana, era la diosa del amor, la belleza y la fertilidad. Asociada con la diosa griega Afrodita, su influencia se extendía a diversos aspectos de la vida romana. Dedicarle un día de la semana refleja la importancia de estos conceptos en la cultura romana. Esta conexión con Venus dota al viernes de una connotación de disfrute, placer y sociabilidad, que aún perdura en la actualidad en muchas culturas, donde el viernes marca el inicio del fin de semana.
Con la llegada del cristianismo, el viernes adquirió una nueva capa de significado, principalmente por ser el día de la crucifixión de Jesús. Esto lo convirtió en un día de luto, reflexión y ayuno para muchos cristianos. De ahí la tradición del "viernes Santo", que conmemora la pasión y muerte de Cristo. La expresión "comer de viernes" o "comer de vigilia" hace referencia a la abstinencia de carne que tradicionalmente se practicaba este día, optando por pescados y otros alimentos.
El uso de "viernes" también ha permeado el lenguaje coloquial, dando lugar a expresiones como:
El viernes, desde su origen ligado a la diosa Venus hasta su significado en el cristianismo y su presencia en el lenguaje coloquial, ha acumulado una rica historia y simbolismo. Su evolución a lo largo del tiempo refleja la influencia de la cultura, la religión y las costumbres en la construcción del significado de los días de la semana.