La palabra "versal" se refiere, fundamentalmente, a las letras mayúsculas. Su origen etimológico proviene, como bien indica la definición básica, de la palabra "verso", ya que estas letras de mayor tamaño se utilizaban tradicionalmente al comienzo de cada verso en poesía y, por extensión, en cualquier tipo de texto.
El uso de letras de mayor tamaño para marcar el inicio de una sección o párrafo se remonta a la antigüedad. En los manuscritos medievales, estas letras, a menudo elaboradamente decoradas y llamadas "capitulares" o "iniciales", cumplían una función similar a la de las versales, guiando la lectura y aportando belleza al texto. Con la llegada de la imprenta, esta práctica se estandarizó, y la letra mayúscula, más simple y práctica que las capitulares, asumió el papel de marcar el inicio de los versos y, más tarde, de las oraciones y nombres propios.
La denominación "versal" para referirse a la mayúscula proviene, por lo tanto, de su uso en el inicio de los versos. Al ser el elemento visual que iniciaba cada línea de un poema, la mayúscula se convirtió en la "letra del verso", la "letra versal".
El uso de la versal ha evolucionado a lo largo de la historia, adaptándose a las diferentes formas de escritura e impresión. Desde las elaboradas capitulares miniadas a mano hasta las tipografías digitales de hoy en día, la función de la versal ha permanecido esencialmente la misma: destacar, jerarquizar y guiar la lectura. La estandarización de la imprenta contribuyó a la uniformidad y simplificación de las versales, adoptando las formas que conocemos actualmente.
La palabra "versal", aunque menos común en el lenguaje cotidiano actual, nos remite a la historia de la escritura y la imprenta. Su origen en la poesía, su evolución a través de los manuscritos y su consolidación con la imprenta, nos recuerdan la importancia de este elemento tipográfico en la organización y comprensión de los textos.