La palabra remansarse, proveniente del verbo remanar, evoca la imagen de un río que aquieta su curso, que se serena tras un tramo turbulento. Si bien la definición básica la describe como la acción de una corriente líquida al aquietarse o hacerse más lenta, su significado trasciende la mera descripción física y se adentra en el terreno de lo simbólico y lo literario.
Remansarse comparte raíz con manar, verbo que describe el brotar de un líquido. El prefijo re-, en este caso, no indica repetición, sino más bien intensificación o cambio de estado. Por lo tanto, remanar implica un cambio en el flujo, una alteración en la forma en que el líquido brota o se mueve. De ahí que remansarse describa ese estado final de calma y lentitud tras la alteración del flujo inicial.
El río, tras sortear las rocas, se remansaba en una cristalina laguna.
Después de la tormenta de emociones, su ánimo comenzó a remansarse.
Tras años de conflicto, la situación política del país empezó a remansarse.
Su mente, antes un torbellino de ideas, se remansó lo suficiente para encontrar la solución.
El río, al llegar a la vega, se remansaba y formaba un espejo donde se reflejaban las estrellas.
En resumen, remansarse es mucho más que la simple descripción de un fenómeno físico. Es una palabra que, gracias a su origen y a su uso a lo largo del tiempo, ha adquirido una profunda carga simbólica, permitiéndonos expresar la calma y la quietud que siguen a la agitación, tanto en el mundo natural como en el interior del ser humano.