La palabra "píxide" proviene del latín pyxis, -idis, y este a su vez del griego pyxís, que significa "caja pequeña". Si bien su definición actual se centra en su uso litúrgico, su historia es mucho más amplia y rica.
En la antigüedad clásica, las píxides eran pequeños recipientes utilizados para guardar diversos objetos de valor, desde joyas y cosméticos hasta ungüentos y medicinas. Su forma y material variaban considerablemente, pudiendo ser de madera, metal, marfil, hueso o arcilla. Se han encontrado ejemplos arqueológicos de píxides en diversas culturas, desde Egipto y Mesopotamia hasta Grecia y Roma, lo que demuestra su uso extendido y su importancia en la vida cotidiana.
Con la llegada del cristianismo, la píxide adquirió un nuevo significado, pasando a ser un objeto sagrado destinado a contener la Eucaristía. Este cambio de uso reflejó la importancia que se le daba al Santísimo Sacramento y la necesidad de guardarlo y transportarlo con el debido respeto. La píxide se convirtió así en un símbolo de la presencia real de Cristo.
La píxide litúrgica, también conocida como copón, suele ser de metal precioso, a menudo dorada o plateada, y decorada con motivos religiosos. Su forma puede ser cilíndrica, circular o incluso cuadrada, y generalmente cuenta con una tapa que la cierra herméticamente para proteger las hostias consagradas.
La imagen de la píxide ha estado presente en el arte religioso a lo largo de la historia, apareciendo en pinturas, esculturas y orfebrería. Su representación simboliza la presencia de Cristo y la importancia de la Eucaristía en la fe cristiana. El valor de la píxide no reside tanto en el material con el que está hecha, sino en el tesoro sagrado que contiene
, se podría decir parafraseando la importancia de su contenido. A través de los siglos, la píxide ha trascendido su función práctica para convertirse en un objeto cargado de simbolismo y significado espiritual.
En resumen, la píxide, desde sus orígenes como una simple caja para guardar objetos de valor, ha evolucionado hasta convertirse en un elemento central en la liturgia cristiana, representando la presencia real de Cristo en la Eucaristía.