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Bibliatodo Diccionario

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obispo - Diccionario Español

(Del lat. episcopus, y este del gr. p·skopo*s).

1. m. Prelado superior de una diócesis, a cuyo cargo está el cuidado espiritual y la dirección y el gobierno eclesiástico de los diocesanos.

2. m. Pez selacio del suborden de los Ráyidos, de más de dos metros y medio de largo, con cabeza abultada, ojos prominentes, cola muy larga con dos carreras de espinas y hocico prolongado en una especie de visera cuyo perfil recuerda la forma de una mitra.

3. m. Morcilla grande. ~ auxiliar.

1. m. Prelado sin jurisdicción propia, con título in pártibus, que se nombra algunas veces para que ayude en sus funciones a algún obispo o arzobispo.

~ comprovincial.

1. m. coepíscopo.

~ de anillo.

1. m. obispo in pártibus.

2. m. obispo auxiliar. ~ de la primera silla.

1. m. metropolitano ( arzobispo). ~ de título.

1. m. obispo in pártibus.

2. m. obispo auxiliar. ~ electo.

1. m. El que solo tenía el nombramiento del rey, sin estar aún consagrado ni confirmado.

~ in pártibus, u ~ in pártibus infidélium.

1. m. El que toma título de país o territorio ocupado por los infieles y en el cual no reside.

~ regionario.

1. m. El que no tenía silla determinada e iba a predicar en diferentes lugares o a ejercer su ministerio donde le llamaba la necesidad. ~ sufragáneo.

1. m. El de una diócesis que con otra u otras compone la provincia del metropolitano.

~ titular.

1. m. obispo in pártibus.

trabajar para el ~.

1. fr. coloq. Trabajar sin recompensa. OS V.

mes del obispo

Obispo - Hispano-Americano de la Mision

(Del gr. episkopos, sobreveedor). En el NT se aplica a Cristo . , pero en gen. designa a los lideres de las iglesias (Fil 1:1). En (Hch 20:28), (1 Ti 3:2), y (Tit 1:7) (cf. v. 5) sig. lo mismo que presbítero. Pero para el s. II, los o comenzaron a estar solos al frente de congregaciones o de cristianos en una ciudad o área, y asumieron un perfil «monárquico» y territorial (diócesis).

Cuando un o alcanzaba un lugar de mucha importancia se transformaba en arzobispo, metropolitano o patriarca. En la doctrina de la ICR , los o cumplen un papel vital en asegurar la continuidad de la iglesia y de la fe. El o es miembro del Colegio Episcopal presidido por el Papa, y como tal es considerado «sucesor de los Apóstoles» y «signo visible y eficaz del mismo Cristo, de quien hace las veces como Maestro, Pastor y Pontífice.»

Se lo considera también «maestro de la verdad,» y como tal es el primer evangelizador, catequista, y custodio de la doctrina y unidad de la iglesia. Según el DP , el o es en cada iglesia particular, principio y fundamento de su unidad. «Por ser sucesores de los apóstoles, los o , a través de su comunión con el Colegio Episcopal y de manera especial con el Romano Pontífice, hacen presente la apostolicidad de toda la Iglesia.» En el protestantismo latinoamericano son pocas las iglesias que tienen o (anglicanos, luteranos, metodistas, menonitas, algunos pentecostales).

Obispo - Douglas Tenney

(gr., episkopos, sobreveedor).

Originalmente, el término se refería al oficial principal de la iglesia local, siendo el otro el diácono o diáconos (1 Ti 3:1-7). El título anciano o presbítero generalmente se aplicaba al mismo hombre; anciano en referencia a edad y dignidad, y obispo a sus trabajo de superintendencia. Conforme las iglesias se multiplicaban, el obispo de una iglesia mayor a menudo recibía honor especial y así gradualmente creció una jerarquía, desde los ancianos que presidían hasta los obispos (sobre grupos de iglesias) y luego los arzobispos.

Obispo - Diccionario Bíblico Sencillo

tip, CARG ver, ANCIANO, ÁNGEL, DIÁCONOS, IGLESIA vet, (gr. «episkopos», «supervisor»). En la LXX este término designa a un supervisor oficial, civil o religioso, como el sacerdote Eleazar (Nm 4:16) y los oficiales del ejército (Nm 31:14). En el NT, este término aparece por primera vez en la exhortación de Pablo a los ancianos o presbíteros de la iglesia en Éfeso: «Mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos» (o supervisores;( Hch 20:17- 28). En este pasaje y en otros, Pablo emplea estas palabras «anciano» y «obispo» para designar a las mismas personas (Tit 1:5-7). El primer término designa la dignidad de la edad, en tanto que el segundo denota la dignidad de la función ejercida. En cambio, se hace una clara distinción entre el obispo y el diácono (Fil 1:2),( 1 Ti 3:1-8). Empleando el término «episkopeõ», Pedro exhorta de la siguiente manera a los ancianos: «Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella...» (1 P 5:2). (véase ANCIANO.) A Cristo se le aplica el nombre de obispo: «Habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas» (1 P 2:25).

Ya en vida de los apóstoles había numerosas tendencias, en el seno de la cristiandad, que se apartaban de la obediencia a las instrucciones dadas por el Señor por medio de ellos, tanto en doctrinas como en práctica (cfr. Gálatas, 1 Corintios, Colosenses, etc.). Lo mismo sucedió después de la muerte de los apóstoles. Ya pronto se empezó a hacer una distinción, inexistente en las Escrituras, entre los ancianos o presbíteros y los obispos. En el siglo II se menciona esta diferencia en las epístolas de Ignacio, que murió en el año 107 (o 116). Jerónimo nos ha dejado un elocuente testimonio del estado de cosas que condujo a la ascensión del régimen episcopal: «En los antiguos, obispos y presbíteros es lo mismo, porque lo primero es el nombre de la dignidad, y lo último de la edad» (Epístola a Oceano, Vall. 69, 416). Y en su epístola a Evangelo cita (Fil 1:2),( Hch 20:2),( Tit 1:5), etc.;( 1 Ti 4:14),( 1 P 5:2)- 2 Juan y 3 Juan, usando un lenguaje muy enérgico, y dice textualmente: «que después se eligiera uno que estuviera por encima (lat.: «praeponeretur») de los demás, se hizo como remedio para los cismas, no fuera que al ir cada uno a atraer hacia sí la iglesia de Cristo la fuera a dividir». Jerónimo amplifica en este y otros escritos el testimonio de que la elección de un obispo presidente entre los ancianos fue una disposición no sacada de las Escrituras, sino hecha por conveniencia, debido al clericalismo en que se había caído ya en aquel entonces, y que iría creciendo en el posterior desarrollo de la historia de la Iglesia, hasta culminar en el papado católico.

En el Concilio de Trento, en el siglo XVI, la iglesia romana proclamó que «los obispos, sucesores de los apóstoles, son establecidos por el Espíritu Santo para gobernar la Iglesia de Dios, y son superiores a sus presbíteros o sacerdotes». La postura de la iglesia de Roma es que los ancianos, que habían sido establecidos en el ministerio, dirigían las asambleas regionales. También supone la iglesia de Roma que, al haber aumentado el número de comunidades, los apóstoles, necesitados de ayudantes, nombraron a supervisores de distritos, que quedaron designados como sus sucesores. Éste, según Roma, hubiera sido el caso de los ángeles de las siete iglesias (Ap 1:20)véase ÁNGEL). Según la Iglesia Anglicana, Jacobo el hermano de Jesús, en Jerusalén, los ángeles de las siete iglesias, Timoteo y Tito, eran los que ejercían estas funciones. Sin embargo, se tiene que señalar que, cierto como es que los apóstoles enviaban a delegados personales con su autoridad, no hay indicación alguna en las Escrituras de que esta autoridad pudiera ser dada a sucesores. El motivo alegado del oficio episcopal es mantener el cuidado de la iglesia. No obstante, se tienen que hacer las siguientes observaciones:

(a) Los apóstoles establecían los ancianos y diáconos con su propia autoridad, bien directamente ejercida, bien delegada en personas que tenían este encargo de manera formal (véanse ANCIANOS, DIÁCONOS). Es evidente que las iglesias no tenían facultad para efectuar tales nombramientos, por el hecho mismo que Timoteo y Tito fueron encargados de tal misión en las iglesias a las que fueron enviados (1 Ti 1:2),( 1 Ti 3:1-15),( Tit 1:5 ). Es evidente que la desaparición de los apóstoles en su singular carácter dio también la desaparición de los ancianos y diáconos como cargos que habían sido establecidos en la naciente iglesia por la insustituible autoridad apostólica. (b) La disposición del régimen episcopal no tuvo su origen en la obediencia de las Escrituras, sino en un intento humano de atajar tendencias cismáticas; surgió, por tanto, como consecuencia de las fuertes tendencias al clericalismo. En último término, y visto desde una perspectiva histórica, resultó peor el remedio que la enfermedad. (c) Las Escrituras no encomiendan la iglesia a los obispos o ancianos como remedio para los males que habrían de sobrevenir, sino que los señala como futuras causas de aquellos males. En efecto, Pablo, en su conmovedora despedida de los ancianos de Éfeso, les dice: «Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos... Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados» (Hch 20:29-30). Este es el recurso que Dios ha dado a los suyos, un recurso pleno y eficaz. Él mismo, y la Palabra de Su gracia. Los apóstoles, y todo lo que ellos comportaban, cumplieron su cometido histórico, estableciendo los cimientos de la Iglesia, y dando a los creyentes la Palabra de Dios y la esperanza viva del retorno de Jesucristo.

Bibliografía: Darby, J. N.: «Remarks on The Church and the World», en The Collected Writings of J. N. Darby, vol. 15, págs. 298-379 (Stow-Hill Bible and Tract Depot, Kingston-on-Thames, reimpr. 1964); Darby, J. N.: «Episcopacy», en Collected Writings, págs. 307-317; Darby, J. N.: «Apostolicity and Succesion», en Collected Writings, vol. 22, págs. 219-334; Kelly, W.: «Bearing of the failure of the Church on the institution of Elders», en Bible Treasury, oct. 1871, págs. 111-346; Gonzaga, J.: «Concilios» (International Publications, Grand Rapids, 1966); Grau, J.: «El fundamento apostólico» (Ediciones Evangélicas Europeas, Barcelona, 1973); Lacueva, F.: «La Iglesia, cuerpo de Cristo» (Clíe, Terrassa, 1973). (véase también bibliografía al final del artículo IGLESIA.)

Obispo - Diccionario de Jerusalen

significa literalmente inspector, guardián o vigilante. En el NT el nombre se aplica una vez a Cristo, «pastor y guardián de vuestras almas» (1Pe 2,25), y cuatro veces designa a dignatarios de la comunidad cristiana (Act 20,28 Flp 1,1 1Tim 3,2 Tit 1,7). Una comparación de estos lugares demuestra que en la edad apostólica faltan títulos fijos para los dignatarios eclesiásticos.

Obispo - Diccionario Mundo Hispano

(gr., episkopos, sobreveedor).

Originalmente, el término se refería al oficial principal de la iglesia local, siendo el otro el diácono o diáconos (1Ti 3:1-7). El título anciano o presbítero generalmente se aplicaba al mismo hombre; anciano en referencia a edad y dignidad, y obispo a sus trabajo de superintendencia. Conforme las iglesias se multiplicaban, el obispo de una iglesia mayor a menudo recibía honor especial y así gradualmente creció una jerarquía, desde los ancianos que presidían hasta los obispos (sobre grupos de iglesias) y luego los arzobispos.

Obispo - Dicionario Biblico Adventista

Obispo (gr. epískopos, 'supervisor', 'el que supervigila'). Como se lo usa en el NT, este término generalmente se refiere a la persona que sirve como 'supervisor', 'superintendente' o 'guardián' de una iglesia. Una vez () se lo usa para Cristo como guardián de las almas. Los 'guardianes' o 'supervisores' de son llamados 'ancianos' (gr. presbúteros) en el v 17. Tal posibilidad de intercambiar los 2 términos está documentado por Crisóstomo (6 407 d.C). El afirma que en tiempos antiguos los ancianos eran llamados supervisores (u obispos) de Cristo. Clemente de Roma, que vivió en el s I d.C., parece confirmar esto. Los requisitos de carácter y los deberes de los obispos están claramente descriptos en 1 -7 Un examen de sus obligaciones muestra que originalmente no tenían las prerrogativas que más tarde asumieron algunos que ocuparon esos cargos. Véase Anciano. Bib.: Crisóstomo, Primera homilía sobre la epístola a los Filipenses 1, en Migne, Patrología griega, t. 62, Col_183; Clemente de Roma, La primera epístola de Clemente a los corintios, cp 44. Oblación. Véase Sacrificios y Ofrendas.


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