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Bibliatodo Diccionario

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Mujer - Hispano-Americano de la Mision

Ser humano femenino que ha llegado a la adultez. Segun la Biblia, tanto la m como el varón representan al ser humano y fueron creados por Dios a su imagen y semejanza (Gn 1. :27).

La tarea de dominar el mundo, de continuar con la obra de la creación, de ser con Dios co-creadores, corresponde pues, a la mujer tanto como al varón. Su dignidad le viene no de ser m , sino de su condición de criatura de Dios y, en consecuencia, tiene el derecho inalienable de ser plenamente humana. 2. La DJ afirma: «Dios creó al ser humano como hombre y m . Repudiamos firmemente el grado de explotación machista de que ha sido objeto la m en AL .»

La situación de la m en AL deja mucho que desear. El DP señala: «A la conocida marginación de la m como consecuencia de atavismos culturales (prepotencia del varón, salarios desiguales, educación deficiente, etc.) que se manifiesta en su ausencia casi total de la vida política, económica y cultural, se agregan nuevas formas de marginación en una sociedad consumista y hedonista. Así se llega al extremo de transformarla en objeto de consumo, disfrazando su explotación bajo el pretexto de evolución de los tiempos (por la publicidad, el erotismo, la pornografía, etc.).»

Mujer - Douglas Tenney

El relato general de la creación implica la plena humanidad de Eva (Gn 1:26-27), y el relato especial de su creación (Gn 2:18-24) recalca su superioridad sobre todos los animales inferiores, la necesidad de Adán de tenerla como ayuda, su relación íntima con él como parte de su ser más profundo y la naturaleza del matrimonio como una relación de una carne.

Aunque muchas mujeres del AT no son importantes, tres esposas patriarcales (Sara, Rebeca y Raquel) desempeñaron papeles importantes, como también lo hizo María, hermana de Moisés (Ex 2:1-9),( Ex 15:20),( Nm 12).

Débora ejerció un liderazgo extraordinario (Jue 4:2 ), y Rut la moabita llegó a ser una virtuosa bendición a Israel. Ana ( 1S 1:1),(1 S 2:11) ilustra a la vez la desesperación de una mujer sin hijos y la gracia de la maternidad piadosa. El consejo de la madre de Lemuel a su hijo (Proverbios 31) presenta a una madre ideal, hacendosa, en una familia próspera. Reinas buenas y malas, y mujeres malignas de otras clases sociales son descritas con franqueza en la Biblia.

En la vida y ministerio de Jesús sobresalen mujeres piadosas: Elisabet, la madre de su precursor (Lu 1:2); la virgen María; Ana (Lc 2:36-38); la pecadora de (Lc 7:36-40); María Magdalena; Marta y María de Betania; las mujeres que acompañaban a los discípulos en viajes misioneros y les servían de sus bienes (Lc 8:3). Mujeres permanecieron cerca de la cruz hasta la sepultura y fueron las primeras ante la tumba abierta. Mujeres se unieron a los hombres en oración entre la Ascensión y Pentecostés (Hch 1:14). Los discípulos en Jerusalén se reunían en la casa de María, la madre de Juan Marcos (Hch 12:12). Los primeros convertidos en Europa fueron mujeres, incluyendo a Lidia, la próspera mujer de negocios en Filipos (Hch 16:13-15). Febe, una diaconisa, y muchas otras mujeres son saludadas en Romanos 16. Pablo (1 Co 11:2-16; 1Co 14:34-35) insta a las mujeres creyentes a la subordinación, pero exalta a la esposa creyente como un tipo de la iglesia, esposa de Cristo (Ef 5:21-23). El establece normas elevadas para las esposas de oficiales de la iglesia y para mujeres en posiciones oficiales (1 Ti 3:11),( Tit 2:3-5). También Pedro (1 P 3:1-6) insta a las mujeres casadas a un papel subordinado pero noble.

Mujer - Diccionario Bíblico Sencillo

ver, MATRIMONIO, DIVORCIO, VIUDA. vet, Creada a imagen de Dios como el varón, es parte integral del ser llamado «hombre» (Gn 1:27): «Creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó»). Ya desde el mismo principio de la Biblia, la mujer es considerada a la par con el varón como hombre, por lo que ya desde el principio ella recibe toda su dignidad como tal.

En (Gn 2:2) ya se establece la precedencia en la creación entre el varón y la mujer; pero si ello afecta a la posición de la mujer (1 Co 11:9),( 1 Ti 2:13), no toca sin embargo su esencia, ya establecida en el libro de Génesis, en los mismos albores de la humanidad.

Sin embargo, debido a la caída se establece una modificación en la situación de la mujer, la cual sufre graves consecuencias. Conocerá los dolores de dar a luz y su marido dominará sobre ella (Gn 3:16),( Ef 5:23-24). Pablo añade: «Pero se salvará engendrando hijos, si permaneciere en fe, amor y santificación, con modestia» (1 Ti 2:14). De este pasaje se han hecho diversas interpretaciones, algunas de ellas algo fantasiosas. Lo más lógico es tomar el significado llano de las palabras en su contexto, y ver que el apóstol se refiere a que será preservada en el acto de tener hijos, sumamente peligroso en muchos casos, en respuesta a su actitud ante el Señor y su ordenamiento en gobierno y gracia.

(a) Posición de la mujer en el AT. La posición de la mujer según el AT era muy superior a la que tenía reconocida en las naciones paganas alrededor. Gozaba de mucha más libertad, siendo sus actividades más variadas e importantes, y siendo su situación social mucho más elevada y respetada. Los hijos debían honrar al padre y a la madre (Ex 20:12). Ya en las familias de los patriarcas, las mujeres como Sara, Rebeca y Raquel jugaban un papel eminente y, en ocasiones, preponderante. María, la hermana de Moisés, y Débora, fueron profetisas y poetisas, y esta última acaudilló un ejército a la victoria (Ex 15:20-21),( Jue 4-5).

Ana, la madre de Samuel, es una hermosa figura de mujer piadosa y notablemente dotada (1 S 1:2),(1 S 2:1-2). Hulda era una profetisa a la que se prestaba atención (2 Cr 34:22). Más de una vez vemos cómo se honra en gran manera a la reina madre (1 R 2:19),( 1 R 15:13), y en las biografías de los reyes se indica siempre quién fue la madre. El triste ejemplo de Jezabel y Atalía demuestra asimismo hasta dónde podían llegar en Israel el poder e influencia de una mujer. El joven es exhortado en Proverbios a recordar la enseñanza de su madre (Pr 1:8),( Pr 6:20), porque el hecho de menospreciarla lo llevaría a maldición (Pr 19:26; 20:20; 30:11, 17). En cambio, en Grecia y en Roma estaban bien lejos de reconocer el valor de la mujer. Aristóteles la consideraba como un ser inferior, intermedio entre el hombre libre y el esclavo; Sócrates y Demóstenes la tenían asimismo en poca estima. Platón recomendaba la posesión de mujeres en común. En la práctica, estas mismas concepciones eran las que existían en Roma, especialmente después del triunfo de la cultura y de las formas licenciosas de los griegos.

Tampoco se debe confundir el papel de la mujer en la Biblia con el que se le da en la actualidad en los países árabes del Oriente Medio, donde es un juguete a disposición del padre y del marido. La posición de la mujer en aquellos países no deriva de la influencia que el Antiguo Testamento hubiera podido tener en la formación del Islam, sino en todo el contexto social pagano anterior de aquellas tierras, que quedó cristalizado con fuerza de ley en la institución de la poligamia y de la total impotencia de la mujer frente al varón.

En Israel, la mujer podía heredar en ausencia de un hermano capaz de suceder a su padre (Nm 27:1-8). No obstante, en tal caso tenía que casarse con alguien de su propia tribu (Nm. 36:6-9). La actividad de la mujer se relacionaba con la totalidad de la vida doméstica: podía ocuparse de los rebaños (Gn 29:6),(Ex 2:16), hilar la lana y hacer los vestidos de la familia (Éx. 35:26; Pr. 31:19; 1 S. 2:19), tejer y coser para aumentar los ingresos de la familia y para ayudar a los desventurados (Pr 31:13),(Pr 24:2),(Hch 9:39); también recogía el agua (Gn 24:13),( Jn 4:7), y molía el grano necesario para el pan diario (Mt 24:41), preparando la masa (Ex 12:34),( Dt 28:5) y la comida (Gn 18:6),( 2 S 13:8); era asimismo su responsabilidad criar e instruir a los hijos (Pr 31:1),( 2 Ti 3:15) y supervisar a los siervos (Pr 31:27),( 1 Ti 5:14).

(b) Posición de la mujer en el TN. El NT muestra más claramente la elevada posición de la mujer. María dice que el Señor ha puesto sus ojos sobre su «bajeza» y que desde entonces todas las generaciones la llamarán bienaventurada (Lc. 1:48). Jesús tuvo siempre gran consideración hacia las mujeres: Marta y María lo recibieron en su hogar; sanó a María de Magdala; Juana y Susana lo ayudaron con sus bienes (Lc 8:2-3),(lc 10:38-39).

Perdonó y salvó a la pecadora (Lc 7:37-50). Hubo un grupo de mujeres que le servían y que le acompañaron hasta el mismo Calvario (Mt 27:55-56), y después al sepulcro (Mt 27:61). Dispuestas a embalsamarlo, se dirigieron antes que nadie al sepulcro el día de Resurrección (Lc 23:56),( Lc 24:1). El Señor resucitado se apareció ante ellas primero, y tuvieron ellas el honor de ser las primeras en proclamar su victoria (Mt 28:9-10),(Lc 24:9-11). Junto con la madre de Jesús, se encontraban entre los 120 del aposento alto (Hch 1:14).

Se ve también que había mujeres entre los primeros convertidos (Hch 8:12),(Lc 9:2),( Lc 17:12). En la Iglesia vemos ya que las mujeres se distinguen por su piedad y buenas obras: Dorcas (Hch 9:36), María, la madre de Juan Marcos (Hch 12:12), Lidia (Hch 16:14), Priscila (Hch 18:26), las hijas de Felipe (Hch 21:8-9).

El apóstol Pablo, por palabra del Señor, no reconoce a la mujer el ministerio de enseñanza pública ni el de dirección, que se reserva al varón (1 Ti 2:11-12),( 1 Co 14:33-35); sin embargo, al precisar la actitud que debe tenerse, habla de la mujer «que ora o profetiza» (1 Co 11:5),( 1 Co 14:3-4),( Hch 21:8-9). Menciona a numerosas mujeres que han sido sus colaboradoras en la obra de Dios y que le han sido de ayuda en sus propias actividades (Ro 16:2-4),( Fil 4:3).

Había asimismo diaconisas en la iglesia primitiva (Ro 16:1-2),( 1 Ti 3:11) y viudas puestas en unas ciertas funciones, encargadas de todo tipo de obras de asistencia (1 Ti 5:9-10); las mujeres experimentadas debían encargarse de instruir a las jóvenes (Tit 2:3-5). Se expone claramente que, por lo que respecta a la salvación y a su posición en Cristo, «no hay varón ni mujer» (Ga 3:28) y que en la nueva esfera más allá de la muerte esta distinción desaparecerá totalmente. Lo que no se puede hacer es, en base a este texto bíblico, rechazar el régimen de gobierno establecido en otros pasajes, algunos de ellos ya mencionados, en cuanto a la posición ahora establecida por Dios en su gobierno sobre el mundo y la Iglesia en la tierra. Todos, varones y mujeres, forman parte igualmente del cuerpo de Cristo, y todos, hombres y mujeres, reciben un don del Espíritu para la utilidad común (1 Co 12:7),(1 Co 11:2),(1 Co 27:2). Tanto varones como mujeres son responsables ante el Señor de usar estos dones para su gloria y conforme a las instrucciones y limitaciones que Él mismo ha establecido en Su palabra, poniéndose totalmente a disposición de Aquel que nos ha rescatado a tan gran precio, para poder dar toda la gloria en confianza y obediencia a nuestro gran Libertador. (Véanse MATRIMONIO, DIVORCIO, VIUDA.)

Mujer - Diccionario Alfonso Lockward

El término hebreo que se utiliza para m. es isha. El ser humano es yelud isha, nacido de mujer (Gen 3:16). Hasta el momento de la •caída, tanto el hombre como la mujer se enseñoreaban de los animales. La caída puso a la mujer bajo el enseñoramiento del hombre. De manera que estas palabras deben ser vistas como lo que son, una condenación y no como un ideal divino, pues el enseñoramiento del hombre sobre la mujer es una consecuencia del pecado.

Esto puede ya apreciarse en el relato del violento •Lamec, que es el primero del que se dice en la Biblia que practicó la poligamia. Nótese que la violencia y la poligamia aparecen juntos en la historia de este hombre, quien dice en su canto o poema: “Ada y Zila, oíd mi voz; mujeres de Lamec, escuchad mi dicho: que un varón mataré por mi herida, y un joven por mi golpe. Si siete veces será vengado Caín, Lamec en verdad setenta veces siete lo será” (Gen 4:19-24). Las instituciones sociales que siguieron formándose en el transcurso de la historia humana han venido, entonces, matizadas e influenciadas por las consecuencias del pecado. Así, la m. vino a ser tratada como si tuviese menos dignidad que el hombre, al punto de que se la consideraba, en la época patriarcal, y aun después, como una propiedad del padre, o del esposo. Su situación de dependencia se puede ver en el hecho de que se mencionan a las mujeres, aun a las más famosas, con el nombre de sus maridos: Débora, mujer de Lapidot; Hulda, mujer de Salum, etcétera.

una sociedad patriarcal como la israelita, el trato que se daba a la m. no la situaba en un plano de igualdad con el hombre. Se prefería tener hijos varones. Si el parto era de varón, la m. permanecía treinta y tres días en purificación, pero si era de hembra el período era el doble (Exo 21:7-11). ( •Hija).

se conocía entre los israelitas la práctica del divorcio por parte de la mujer. Quien podía dar carta de divorcio era el hombre (Num 30:3-16).

asuntos hereditarios, se daba preferencia a los hijos varones, pero la m. podía heredar en ausencia de éstos. De conformidad con el papel asignado por la sociedad patriarcal a la m., no se suponía que ésta ejerciera funciones de liderazgo, por lo cual, al negarse •Barac a ir sin •Débora a pelear contra Sísara, ésta le dijo: “Iré contigo; mas no será tuya la gloria de la jornada que emprendes, porque en mano de m. venderá Jehová a Sísara” (Jue 4:9). Sólo varones fueron reyes de Israel. Las reinas que se mencionan eran reinas madres o usurpadoras del trono, pues quienes lo heredaban legítimamente eran los hijos varones.

estas razones resultaba tan asombroso para los judíos del NT el tratamiento que recibía la m. entre los seguidores de Cristo, especialmente de parte del mismo Señor, en cuyo ministerio las m. desarrollaban un gran papel. Cuando viajaba “anunciando el reino de Dios”, los doce iban con él “y algunas m. que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades ... y otras muchas que le servían de sus bienes” (Jua 20:11-18).

expresiones de Pablo sobre el hecho de que en Cristo Jesús “ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni m.; porque todos vosotros sois uno...” (Efe 5:21-27).

Mujer - Diccionario de Jerusalen

La posición de la m. se pinta en la Biblia fundamentalmente en Gén 2,18 («una ayuda que sea adecuada para el hombre», es decir, que se le parezca esencialmente); su posición real se reproduce en Gén 3,16 («el hombre reinará sobre tí»). Esta posición subordinada resulta de numerosas citas del AT, donde la m. realiza trabajos subordinados, se limitan sus derechos y es modesta su participación en el culto, y digáse lo mismo sobre los consejos de Pablo (ICor 11,3-5 14,34-36 Ef 5,22-23 1Tim 2,9-15 Tit 2,4s) y de Pedro (1Pe 3,1-6).

Mujer - Diccionario Mundo Hispano

El relato general de la creación implica la plena humanidad de Eva (Gen 2:18-24) recalca su superioridad sobre todos los animales inferiores, la necesidad de Adán de tenerla como ayuda, su relación íntima con él como parte de su ser más profundo y la naturaleza del matrimonio como una relación de una carne.

Aunque muchas mujeres del AT no son importantes, tres esposas patriarcales (Sara, Rebeca y Raquel) desempeñaron papeles importantes, como también lo hizo María, hermana de Moisés (Exo 15:20; Números 12).

Débora ejerció un liderazgo extraordinario (Jueces 4; 5), y Rut la moabita llegó a ser una virtuosa bendición a Israel. Ana (1Sa 2:11) ilustra a la vez la desesperación de una mujer sin hijos y la gracia de la maternidad piadosa. El consejo de la madre de Lemuel a su hijo (Proverbios 31) presenta a una madre ideal, hacendosa, en una familia próspera. Reinas buenas y malas, y mujeres malignas de otras clases sociales son descritas con franqueza en la Biblia.

En la vida y ministerio de Jesús sobresalen mujeres piadosas: Elisabet, la madre de su precursor (Lucas 1); la virgen María; Ana (1Pe 3:1-6) insta a las mujeres casadas a un papel subordinado pero noble.

Mujer - Diccionario Pastoral

En el plan creador de Dios descrito por la Biblia, la mujer desempeña un papel en todo semejante al del hombre [Gén_1,27-28]; [Gén_2,18-24]; [Gén_3,20]; [Pro_19,14]; ver [Mc_10,6-12]. Igualmente en la historia religiosa de Israel, y en última instancia en la historia de la salvación, el protagonismo de la mujer es importante, tanto para el mal [Gén_3,6]; [Núm_12,1-10]; [Jue_14,15-20]; [Jue_16,4-21]; [1Re_11,1-8]; [1Re_18,13]; [1Re_19,1-2]; [1Re_21,25-26]; [Is_3,16-24]; [Am_4,1-3]; [Pro_9,13-18]; [Pro_21,9]; [Pro_21,19]; [Qo_7,26]; [Si_25,13-26] como para el bien [Gén_3,15]; [Éx_15,20-21, [Jos_2,1-6]; [Jue_4,1] - [Jue_5,1]; [Rut_1,1] - [Rut_4,1]; [Jdt_8,16]; [Est_2,1]; [Est_4,1]; [Est_8,1]; [2Re_22,14-20]; [Sal_68,26]; [Pro_31,10-31]; [Si_26,1-3]; [Si_36,21-27]. No obstante, debe reconocerse que el ambiente cultural en el que se mueve la Biblia 'incluso en el NT' limita un tanto los derechos y valores de la mujer [Núm_5,11-28]; [Núm_27,1-11]; [Dt_24,1]; [Si_42,9-12]. Jesús, sin embargo, reclama para la mujer la misma dignidad y los mismos derechos que para el hombre; y lo hace no tanto con sus palabras cuanto con su actitud, nace de mujer [Mt_1,25]; [Lc_2,7]; no rehuye el trato con las mujeres [Lc_7,36-47]; [Lc_10,38-41]; [Jn_4,1-28], a las que alaba por su fe y su generosidad [Lc_7,50]; [Lc_8,48]; [Lc_21,1-4]; [Mt_15,28]; [Mt_26,10-13] y de las que acepta sus servicios [Lc_8,1-3]; ver [Mt_27,55-56] y [Jn_19,25]; las hace protagonistas de sus milagros y parábolas [Lc_7,12]; [Lc_8,43-55]; [Lc_13,10-13]; [Lc_15,8-16]; [Lc_18,1-5]; [Mt_8,14-15]; [Mt_13,33]; [Mt_18,21-28]; las pone como ejemplo [Mt_25,4] y las constituye en primeras anunciadoras de su resurrección [Mt_28,5-9]; [Mc_16,7-10]; [Lc_24,9-10]; [Jn_20,1-2]; [Jn_20,18]. Más aún, en la perspectiva del NT, la criatura cumbre de Dios, la escogida para ser la más cercana Colaboradora de Jesús en la obra de la salvación, es una mujer: María [Lc_1,26-38]; [Lc_1,42-49]; [Lc_2,7]; [Lc_2,33-35]; [Jn_2,1-5]; [Jn_19,25-27]; ver [Ap_12,1-6]. En esta misma línea de valoración positiva de la mujer se mueve el resto del NT [He_1,14]; [He_9,36-41]; [He_12,12]; [He_16,14-15]; [He_18,2]; [He_18,18], incluido san Pablo, a quien se ha acusado de un cierto antifeminismo (ver [1Cor_11,3]; [1Cor_11,8]; [1Cor_11,10]; [1Cor_11,12]; [1Cor_14,34]; [Ef_5,22-24]; [Ef_5,33]; [Col_3,18]; [1Tim_2,11-12]); este antifeminismo no es tal si se tiene en cuenta el marco sociológico en el que se mueve san Pablo y el papel que, a pesar de este marco, hace jugar a la mujer [1Cor_11,11]; [Gál_3,28]; [Ef_5,25]; [Ef_5,32]; [Col_3,11].

Mujer - Diccionario Biblico Torres Amat

Fue creada junto al hombre a imagen de Dios, con plena igualdad y como compañera suya. Gen 2,22-25. El ambiente bíblico es patriarcal pero no discrimina a la mujer. Muchas son las páginas que resaltan los valores femeninos y hacen de ellos fundamento de la familia y de la sociedad. Gen 3,20; Cant 8,5-7; Prov 31,10-31. Son muchas las mujeres que aparecen en lugar y funciones destacadas. En el nuevo testamento María de Nazaret aparece como Madre del Redentor (Lc 1,30-35), intercesora ante Cristo (Jn 2,4- 5), modelo de asimilación del plan de Dios (Luc 2,51), partícipe del don del Espíritu Santo a la Iglesia (Luc 1,35; Hech 1,14). La mujer es comparada con la realidad gloriosa de la Iglesia (Ef 5,22-23; Ap 12,1-2; 21,1-2)

Mujer - Dicionario Biblico Adventista

Mujer (heb. zishshâh; gr. gune, 'mujer', 'esposa'). Las diversas mujeres son descriptas en artículos bajo el nombre de cada una de ellas. Este artículo sólo se ocupa de la mujer como una clase en los sucesivos períodos de la historia bíblica. I. La mujer original. Cuando Dios 'creó... al hombre a su imagen... varón y hembra los creó' (). Dios dio a ambos sexos, sin distinción, la bendición, la orden de fructificar y de multiplicarse (1:28), y la tarea de sojuzgar la tierra y enseñorearse de todas las criaturas vivientes. Gen_2 da algunos detalles adicionales: Adán fue formado primero -del polvo- y se le dio la oportunidad, antes de formar a Eva, de observar los animales para darse cuenta de que únicamente él estaba solo, de sentir la necesidad de una contraparte femenina, una 'ayuda' (heb. êzer) 'idónea' (heb. kenegdô). El término para 'ayuda', aplicada también a Dios (; etc.), no implica que es inferior; la palabra para 'idónea' significa 'con su contraparte', 'correspondiente 812 a él'. Que Eva fuera formada de la costilla de Adán, y no tomada ni de su cabeza ni de su pie sino de su costado, es un símbolo adecuado de la igualdad y la unidad de la pareja. La subordinación de Eva a su esposo fue una de las consecuencias de la caída, después que la naturaleza humana se volvió egoísta y competitiva. Como algunos lo han señalado, la palabra hebrea traducida 'enseñoreará' no indica un decreto sino sencillamente afirma el hecho de que el esposo dirigirá a la esposa. Sin embargo, algunos toman ciertos pasajes del NT (véase la sección VI) como que implican un cambio de estatus destinado a adecuarse a la naturaleza pecaminosa de la humanidad; y algunos citan otros textos para indicar algún grado de preeminencia de Adán desde el comienzo. En cualquier caso, desde la caída los descendientes masculinos de Adán han extendido de hecho la supremacía del hombre en la familia hasta incluir su dominación sobre las mujeres, lo que no establece el informe de Gen_1 y 2. Otro punto de vista es que el estatus de Eva fue alterado, no por causa de inferioridad, sino como un ajuste necesario por la pérdida de la paz y la armonía que había entre ambos socios iguales antes del pecado; pero que el cristianismo del NT tiene la meta de contrarrestar los efectos de la caída al restaurar aún en esta tierra las relaciones originales (véase la sección VI). II. En el período patriarcal. Entre Adán y Abrahán no sabemos nada de la mujer, excepto que un descendiente de Caín introdujo una pluralidad de esposas (). Pero entre Abrahán y Moisés conocemos mucho por la descripción que hace la Biblia acerca de la sociedad patriarcal. El padre era la cabeza de la familia extendida, que incluía las de sus hijos y tal vez las de sus nietos. Por ello, se valoraba a los hijos por sobre las hijas, ya que ellas se apartarían para formar parte de otras familias o clanes. (Por tanto, en las genealogías sólo se mencionan los hijos varones, excepto en el caso de mujeres de significación especial para el relato.) Las mujeres actuaban principalmente como esposas y madres, y se ocupaban de las tareas domésticas: cocinar, acarrear agua, y cuidar e instruir a los niños (; 24:13; 27:13, 14). Algunas veces cuidaban de los rebaños, y otras veces oficiaban como nodrizas o parteras (, 10; , 16). Sin embargo, la mujer podía actuar en las actividades religiosas, sociales y económicas, y podía tener considerable influencia sobre su esposo e hijos (por ejemplo, Sara en el incidente con Agar e Ismael: o Rebeca al asegurar la primacía de Jacob [, 6; 21:9-14; 27:6-17, 23]). La esposa, aunque bajo la autoridad de su esposo como su 'señor' (18:12), no estaba al mismo nivel que los esclavos. Abrahán se dirigió a Sara con respeto en el pedido que le hizo (12:13). En la época patriarcal las mujeres tenía una considerable libertad de movimiento: trabajaban en el campo o con los rebaños, y se mezclaban con los pastores junto al pozo de agua (24:15-28; 29:9-11). Rebeca aparentemente fue sin velo al pozo y viajó así hasta que se encontró con su prometido (24:15, 16, 65); Sara también fue vista por los egipcios, quienes admiraron su belleza (12:14). Aparentemente la novia llevaba velo durante el casamiento (29:23, 25). Los casamientos eran arreglados por padres o parientes, pero se pedía el consentimiento de la novia (24:58). Parece que era costumbre que ella llevara consigo su criada personal a su nuevo hogar. Una esposa podía dar su esclava a su esposo como esposa secundaria (16:2, 3), cuyos hijos pertenecían legalmente a ésta, por lo que podían llegar a estar al mismo nivel que los de la esposa (por ejemplo, los 4 hijos de las criadas de Raquel y de Lea). En el caso de Abrahán, sin embargo, los hijos de la esposa secundaria, Agar, y Cetura, su segunda esposa legal, fueron despedidos del clan (16:3; 21:10; 25:1-6) con regalos pero sin herencia. Cuando una mujer casada quedaba viuda, sin hijos, era deber del hermano mayor sobreviviente de su esposo casarse con ella, y el primer hijo de ese matrimonio debía continuar con la línea del fallecido (38:8-11). III. Bajo la ley mosaica. En la teocracia israelita, establecida después del éxodo, el código de leyes continuaba los rasgos principales del sistema patriarcal, aunque mitigaba algunos de sus males más graves. Por ejemplo, no se prohibió la poligamia, pero fue reglamentada. El divorcio exigía un certificado legal que daba a la mujer divorciada el derecho de casarse otra vez (-4). Las mujeres israelitas dependían del jefe de la familia -ya sea padre o esposo- y, a menos que enviudara o se divorciara, no podía hacer un voto sin el consentimiento de él (-15). Sin embargo, su estatus era muy superior al de las mujeres de las naciones vecinas. Al casarse, las mujeres pasaban de la autoridad del padre a la del esposo. Un hombre no podía vender nunca a su mujer, aún cuando la hubiera tomado cautiva en la guerra (Deu_813 21:10-14). Podía vender a su hija sólo con el propósito de llegar a ser una esposa secundaria de su amo o del hijo de su amo. No podía ser vendida otra vez a un extranjero, ni podía salir libre al fin de los 6 años (-11), como ocurría con la esclava hebrea que no era vendida en matrimonio (-14). Si un hombre seducía a una señorita soltera tenía que pagar la 'dote' acostumbrada y tomarla como esposa; no podía divorciarse nunca de ella (, 17; , 29). En caso de adulterio, la penalidad para ambas partes era la muerte (). Una viuda no heredaba los bienes de su esposo; éstos pasaban a sus hijos o, si no había hijos varones, a las hijas mientras éstas no se casaran fuera de su tribu (-9; 36:2-9). Una viuda sin hijos se debía casar con su cuñado para continuar con la línea de su esposo (-10): la ley del levirato. Las viudas podían espigar en los campos y se podían beneficiar con el diezmo* del 3er, año. La ley hebrea trataba al hombre y a la mujer por igual en ciertos casos: se exigía el respeto por el padre y la madre (; 21:15, 17; ; 20:9); los crímenes de violencia contra un hombre o una mujer eran castigados del mismo modo (-32). Pero en el caso de votos especiales, el dinero de la valuación de una mujer era menor que el de un hombre (-7), y el período de purificación después del nacimiento de una niña era el doble que el período para un varón (12:1-7). La mujer desempeñaba un papel secundario en la vida religiosa. Sin embargo, enseñaba a los niños en casa y participaba en la observancia del sábado (). Las familias enteras celebraban juntas la Pascua (, 14, 15), y las mujeres y las niñas podían acompañar a los hombres a las fiestas de las Semanas (Pentecostés) y de los Tabernáculos (-16). Las mujeres de las familias de sacerdotes podían comer de la parte del sacerdote o de las ofrendas de paz (; ). Entre los laicos, 'el hombre o la mujer' podían presentar ofrendas por las ofensas (-8). En otra descripción de la misma ofrenda, 'un alma' (heb. nefesh), traducido como 'persona' o 'alguno', es aparentemente equivalente a 'un hombre o una mujer' (Lv. 6:2-7). Esto indica que las mujeres podían traer otras clases de ofrendas prescriptas para 'un alma' (4:2, 27; 5:1, 4, 15, 17). No se les impedía acceder a cargos de liderazgo y autoridad. Hubo profetisas (María, Débora y más tarde Hulda). Débora también fue juez* y una especie de líder militar; pero no hubo sacerdotisas en Israel. (Algunos censuran hoy esta restricción como un desprecio a las mujeres capaces. Otros la invocan como un argumento para impedir que las mujeres ejerzan cualquier cargo pastoral. Sin embargo, un sacerdote que ofrecía sacrificio sobre el altar tenía una función totalmente diferente de la de un ministro religioso.) La ventaja de la ausencia de sacerdotisas es evidente cuando se considera el ambiente alrededor de Israel. Entre las naciones vecinas las sacerdotisas a menudo tenían la función de prostitutas sagradas en los cultos de fertilidad, que involucraban ritos groseramente inmorales en relación con los templos y los lugares altos. IV. En el AT fuera del Pentateuco. En el Israel posterior al Pentateuco la posición de la mujer estuvo regida por el mismo código de leyes sociales y religiosas. La subordinación de la mujer no impedía una genuina relación de amor (, 8; ) y el respeto genuino de su esposo e hijos (; 31:28). Sin embargo, los profetas vieron necesario anunciar el desagrado de Dios por el descuido y la crueldad hacia la mujer, especialmente las madres y las viudas (; ; , 2). En el AT hay muchas referencias a la amenaza que constituye una mujer contenciosa, malvada o inmoral (,19; 6:24, 26:7). Pero también existen muchas relativas a mujeres de buen juicio, sabias, bondadosas y con otras buenas cualidades (; ; ). El epítome del carácter femenino es la esposa industriosa, de muchos recursos, habilidosa, bondadosa, sabia, honrada y piadosa (-31). La buena mujer de Pro_31 podía comprar propiedades. Lo mismo hizo la rica y destacada mujer de Sunem podía recurrir al rey personalmente para reclamar sus derechos sobre ellas (-37; 8:1-6). También podía montar un burrito e ir a ver al profeta sin tener que dar cuenta a su esposo por su decisión (4:22, 23). Sobre el lienzo de la narración del AT aparecen las figuras de muchas mujeres: unas pocas retratadas de cuerpo entero, desde la pobre, pero fiel Rut, que espió en los campos, hasta la malvada Jezabel, que condujo a Israel a una idolatría generalizada de la peor especie; desde el encanto, descripto con intensidad oriental, de la joven campesina amada por el rey Salomón, hasta el valor de Ester, que arriesga su trono y su vida para salvar a su pueblo. V. Jesús y la mujer. Jesús nunca hizo campañas en favor de los derechos de la mujer, pero su trato con ellas, cuando se lo considera 814 en el marco de las ideas y costumbres de la época, es revolucionario. Los lectores modernos no perciben el impacto del sereno desprecio de Jesús por las costumbres de Palestina en el s I d.C. en su trato con las mujeres como personas de valor. Aunque la mujer judía de esos días podía, de acuerdo con su capacidad y sus oportunidades, tener una influencia considerable sobre su esposo e hijos, su ámbito de acción era principalmente el hogar (esposa, madre y dueña de casa). En cierta forma, tenía menor libertad que en épocas anteriores, a menos que perteneciera a la clase obrera y tuviera que trabajar junto a los hombres en el campo o el taller para ayudar a mantener a su familia. Era miembro de la comunidad religiosa, pero en forma limitada. Podía asistir a la sinagoga en la sección de las mujeres, probablemente una galería, y podía participar de las grandes fiestas anuales con su familia. Pero estaba eximida de estudiar la Torá y de todo deber religioso positivo relacionado con momentos específicos, aunque la principal excepción a esto era la preparación para el sábado y, particularmente, el encendido de las velas al comienzo de éste (y, por supuesto, la observancia del sábado). En el templo podía pasar más allá del atrio exterior de los gentiles, hasta el de las mujeres, pero no podía entrar en el atrio de Israel, que estaba junto al de los sacerdotes, reservado para los hombres israelitas. (Parece que esto apareció tardíamente; no se mencionan atrios separados para las mujeres en el templo de Salomón ni en el postexílico.) Se ha aceptado que la Mishná implica que una mujer sólo podía ofrecer 2 sacrificios (la ofrenda de cereales o harina con el voto de los nazareos, y la que tenía que ver con la ordalía del agua amarga), y tenía que depender del perdón de sus pecados de los sacrificios que llevaban su esposo o su padre. Si fue así, significó un cambio desde los días del AT (véase la sección IV). Basta percibir que se juzgaba un escándalo que un hombre hablara con una mujer en la calle y que los rabinos a menudo las considerasen inferior y un peligro para la moralidad de un hombre, para ver cuán revolucionaria fue la actitud de Jesús hacia ellas. Violó las costumbres rabínicas cuando las recibió como seguidoras, y aceptó tanto la asistencia como el dinero de un grupo de mujeres dedicadas de Galilea que lo acompañaban con los Doce en sus viajes (-3; , 56), y que fueron las primeras en llevar la noticia de la resurrección (-24:10). Sorprendió a sus discípulos al conversar con una mujer junto al pozo, en Samaria (, 27). Escandalizó a su huésped fariseo Simón al mostrar gratitud y comprensión por el perfume de María (-13; -50). Aceptó la amistad y la hospitalidad de Marta y María (-42; -5). Pero en medio de todo esto, sus peores enemigos nunca pudieron acusarlo de impureza en palabras o actos. Enseñó un elevado concepto del matrimonio y restringió el divorcio al caso de infidelidad conyugal; sustentó la norma única al exigir pureza de los hombres (-32). Sin embargo, sin condonar el pecado, perdonó a la adúltera que fue llevada ante él (-11). Muchas de sus parábolas se basaron en experiencias de las mujeres. Tomó nota de la pobre viuda cuyas 2 moneditas de cobre fueron evaluadas por Jesús como superiores a los dones de los ricos (-44). Su 1er milagro fue realizado respondiendo a un deseo de su madre (-11); y casi las últimas palabras que dijo en la cruz fueron para su madre al ponerla al cuidado del discípulo Juan (19:25-27). VI. Pablo y la mujer en la iglesia primitiva. Con excepción de Dorcas y Safira, que están relacionadas con Pedro, casi todas las mujeres de la iglesia primitiva mencionadas en la Biblia están asociadas con Pablo. El 1er contacto de Pablo con mujeres cristianas fue la persecución de que él las hizo objeto (; 9:2), probablemente algunas del 'gran número así de hombres como de mujeres' () que se añadieron a la iglesia después del Pentecostés. Pero fue Pablo quien puso en palabras la gran declaración de la iglesia naciente: 'Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abrahán sois, y herederos según la promesa' (Gá. 3:28, 29). En el libro de Hechos y en las epístolas encontramos muchos nombres de mujeres activas en la iglesia. En Listra estaba Eunice, la madre de Timoteo (; 2 ); en Filipos, Lidia, la 1ª conversa de Europa (-15), y también Evodia y Síntique, colaboradoras de Pablo (, 3); en Atenas, Dámaris (); en Corinto, Priscila, que con su esposo Aquila trabajaron con Pablo y lo acompañaron a Efeso (18:1-3, 18, 19). Pablo ha adquirido la reputación de tener prejuicios contra la mujer. En Corinto reprendió el escándalo, las divisiones, las contenciones y las reuniones desordenadas; su tema: limiten 815 sus libertades cristianas si debilitarán u ofenderán a otros. Por ejemplo, los conversos para quienes el comer alimentos ofrecidos a dioses inexistentes todavía era idolatría (1Co_8; 10:27-32); o los no cristianos para quienes una mujer en la iglesia con la cabeza descubierta (o con el cabello suelto en lugar de estar atado a la cabeza; 11:5, 6) significaba que ella repudiaba su matrimonio o la autoridad de su esposo (vs 15, 10 cf ). Pero la explicación de Pablo acerca de Adán y Eva deja, al parecer, ambigua la situación de la mujer (, 9; cf vs 11, 12). En el cp 14, ¿pide a las mujeres que guarden silencio en la iglesia y pregunten después a sus esposos en casa (vs 34, 35) porque son subordinadas, o porque provocan confusión con sus preguntas? Ciertamente no desaprobó a las mujeres que hablan en oración o profetizan, sino sólo a las que tienen un arreglo no apropiado de su cabello (11:5, 13). Aparentemente, había detalles conocidos para los corintios que la carta de Pablo no revela a los lectores actuales. Más tarde tuvo que pedir a Timoteo que no permitiera que las mujeres enseñaran o usurparan la autoridad de los hombres (1 -14). El caso de Adán y Eva, ¿sugiere una situación entre esposos o una regla general? La amonestación a enseñar a las esposas a ser obedientes a sus maridos está acompañada por una razón: 'Para que la palabra de Dios no sea blasfemada' (Tit. 2:4, 5). Notemos que la misma razón se da para que los esclavos cristianos honren a sus amos: el bien de la causa (1 ). Las opiniones todavía difieren con respecto a la actitud de Pablo hacia las mujeres, pero ciertamente él aceptó y apreció calurosamente a muchas de ellas como amigas y colaboradoras (Rom_16), y presentó el gran ideal de que 'ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús' (Gá. 3:28). Mula. Véase Mulo/a. Muladar. Véase Estiércol.

Mujer - Diccionario Perspicacia

Persona del sexo femenino, especialmente la que ha pasado la pubertad. La expresión hebrea para mujer es ´isch·scháh (literalmente, “varona”), que también puede traducirse “esposa”. De igual modo, la palabra griega gy·ne se traduce “mujer” y “esposa”.

Creación. Aun antes de que Adán siquiera solicitase una compañera humana, Dios, su Creador, se propuso crearla. Después de poner a Adán en el jardín de Edén y darle la ley respecto al árbol del conocimiento de lo bueno y lo malo, Jehová dijo: “No es bueno que el hombre continúe solo. Voy a hacerle una ayudante, como complemento de él”. (Gé 2:18.) Dios no impuso al hombre el mandato de seleccionar una compañera del reino animal, pues le llevó a los animales con el único fin de que les pusiese nombre. Adán no sentía la más mínima inclinación por la zoofilia, y se daba perfecta cuenta de la ausencia de una compañera idónea para él en el ámbito animal. (Gé 2:19, 20.) “Por lo tanto Jehová Dios hizo caer un sueño profundo sobre el hombre y, mientras este dormía, tomó una de sus costillas y entonces cerró la carne sobre su lugar. Y Jehová Dios procedió a construir de la costilla que había tomado del hombre una mujer, y a traerla al hombre. Entonces dijo el hombre: ‘Esto por fin es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Esta será llamada Mujer, porque del hombre fue tomada esta’.” (Gé 2:21-23.)

Su posición y responsabilidades. La mujer fue creada del hombre, y por ello su existencia dependía de este. Como era “una sola carne” con él, su complemento y ayudante, tenía que someterse a él como su cabeza. También estaba bajo la ley que Dios le había dado a Adán en cuanto al árbol del conocimiento de lo bueno y lo malo. Tenía la responsabilidad de trabajar para el bien del hombre, tendrían hijos y juntos dominarían los animales. (Gé 1:28; 2:24.)

Puesto que era normal que la mujer de tiempos bíblicos estuviera casada, los textos que se refieren a sus responsabilidades suelen estar relacionados con su posición de esposa. El principal deber de toda mujer en Israel era rendir adoración verdadera a Jehová Dios. Un ejemplo fue Abigail, que se casó con David después de la muerte de su esposo Nabal, ‘hombre que no servía para nada’. Aunque Nabal actuó mal —rehusó emplear sus bienes materiales para ayudar a David, el ungido de Jehová—, Abigail comprendió que no estaba obligada a efectuar una acción contraria a la voluntad de Jehová, como había hecho su esposo. Jehová la bendijo por apegarse a la adoración correcta ayudando a su ungido. (1Sa 25:23-31, 39-42.)

En segundo lugar, la mujer tenía que obedecer a su esposo. Su deber era trabajar arduamente para el bien de la casa y procurar la honra de su cabeza y marido. Esto resultaría en el mayor honor para ella. Proverbios 14:1 dice al respecto: “La mujer verdaderamente sabia ha edificado su casa, pero la tonta la demuele con sus propias manos”. Ella siempre tendría que hablar bien de su esposo y aumentar el respeto que otros sintieran por él, y el esposo debería poder estar orgulloso de ella. “Una esposa capaz es una corona para su dueño, pero como podredumbre en sus huesos es la que actúa vergonzosamente.” (Pr 12:4.) En el capítulo 31 de Proverbios se habla de su posición honorable y de los privilegios que tiene como esposa, junto con las bendiciones que recibe por su fidelidad, diligencia y sabiduría. (Véase ESPOSA.)

En Israel, la madre tenía mucho que ver en que sus hijos aprendiesen justicia, respeto y diligencia, y con frecuencia su consejo y su influencia sobre sus hijos mayores resultaba en el bien de ellos. (Gé 27:5-10; Éx 2:7-10; Pr 1:8; 31:1; 2Ti 1:5; 3:14, 15.) Las muchachas en particular aprendían a ser buenas esposas, pues su madre las enseñaba a cocinar, tejer y todo lo relacionado con la administración del hogar. Por su parte, el padre enseñaba un oficio a sus hijos. Las esposas también podían dirigirse con libertad a sus maridos (Gé 16:5, 6), y en ocasiones les ayudaban a tomar decisiones acertadas. (Gé 21:9-13; 27:46–28:4.)

Por lo general, la elección de la novia correspondía a los padres del novio. Pero, al igual que había sucedido anteriormente en el caso de Rebeca, parece que bajo la Ley también se daba atención al parecer de la muchacha. (Gé 24:57, 58.) Aunque la poligamia era común, pues Dios no restableció el estado original de monogamia hasta que se fundó la congregación cristiana (Gé 2:23, 24; Mt 19:4-6; 1Ti 3:2), se regulaban las relaciones polígamas.

Incluso las leyes militares favorecían tanto a la esposa como al esposo al eximir del ejército durante un año al hombre recién casado. De este modo la pareja podía ejercer su derecho de tener un hijo, que sería de gran consuelo para la madre en ausencia de su esposo, y más aún en el caso de que perdiese la vida en la batalla. (Dt 20:7; 24:5.)

La Ley no hacía distinción entre hombres y mujeres si eran culpables de adulterio, incesto, bestialidad y otros delitos. (Le 18:6, 23; 20:10-12; Dt 22:22.) Ninguna mujer debía ponerse la ropa de un hombre, ni un hombre ropa de mujer, ya que esto podía inducir a la inmoralidad y, en particular, a la homosexualidad. (Dt 22:5.) Las mujeres podían beneficiarse de los sábados, las leyes que tenían que ver con el nazareato, las fiestas y todas las provisiones de la Ley en general. (Éx 20:10; Nú 6:2; Dt 12:18; 16:11, 14.) Los hijos tenían el deber de honrar y obedecer a su madre de la misma manera que a su padre. (Le 19:3; 20:9; Dt 5:16; 27:16.)

Privilegios en la congregación cristiana. En sentido espiritual, no hay distinción entre hombre y mujer para aquellos a quienes Dios llama a la herencia celestial (Heb 3:1) a fin de ser coherederos con Jesucristo. El apóstol escribe: “Todos ustedes, de hecho, son hijos de Dios mediante su fe en Cristo Jesús [...], no hay ni varón ni hembra; porque todos ustedes son una persona en unión con Cristo Jesús”. (Gál 3:26-28.) Todos ellos tienen que recibir un cambio de naturaleza en su resurrección al ser hechos copartícipes de la “naturaleza divina”, y en esta condición nadie será mujer, pues entre las criaturas celestiales no existe el sexo femenino, porque el sexo es el medio otorgado por Dios para la reproducción de las criaturas terrestres. (2Pe 1:4.)

Proclamadoras de las buenas nuevas. Hubo mujeres entre los que recibieron los dones del espíritu santo en el día del Pentecostés de 33 E.C., mujeres a las que se hace referencia en la profecía de Joel como “hijas” y “siervas”. Desde aquel día en adelante, las mujeres cristianas que recibieron estos dones hablaron en lenguas extranjeras que no habían entendido antes y ‘profetizaron’, no necesariamente en el sentido de predecir importantes acontecimientos futuros, sino de proclamar las verdades bíblicas. (Joe 2:28, 29; Hch 1:13-15; 2:1-4, 13-18; véase PROFETISA.)

Cuando las mujeres hablaban a otros acerca de las verdades de la Biblia, no se circunscribían a sus compañeros de creencia. Antes de ascender al cielo, Jesús había dicho a sus seguidores: “Recibirán poder cuando el espíritu santo llegue sobre ustedes, y serán testigos de mí tanto en Jerusalén como en toda Judea, y en Samaria, y hasta la parte más distante de la tierra”. (Hch 1:8.) Posteriormente, en el día del Pentecostés de 33 E.C., cuando el espíritu santo se derramó sobre los 120 discípulos (entre ellos varias mujeres), a todos se les otorgó el privilegio de testificar (Hch 1:14, 15; 2:3, 4.); y la profecía de Joel (2:28, 29) a la que se refirió Pedro en aquella ocasión, menciona específicamente a las mujeres. De modo que ellas se contaban entre los que tenían la responsabilidad de ser testigos de Jesús “tanto en Jerusalén como en toda Judea, y en Samaria, y hasta la parte más distante de la tierra”. Consecuentemente, el apóstol Pablo informó más tarde que Evodia y Síntique, dos hermanas de Filipos, se habían “esforzado lado a lado [con él] en las buenas nuevas”. Asimismo, Lucas menciona a Priscila, quien junto con su marido, Áquila, ‘exponía el camino de Dios’ en Éfeso. (Flp 4:2, 3; Hch 18:26.)

Reuniones de congregación. En algunas reuniones la mujer podía orar o profetizar, siempre que llevase una cobertura para la cabeza. (1Co 11:3-16; véase COBERTURA PARA LA CABEZA.) Sin embargo, en reuniones de carácter público, cuando “toda la congregación”, así como los “incrédulos”, se reunía en un lugar (1Co 14:23-25), las mujeres tenían que ‘guardar silencio’. Si ‘querían aprender algo, podían preguntarle a su propio esposo en casa, porque era vergonzoso que una mujer hablase en la congregación’. (1Co 14:31-35.)

Aunque no se permitía a la mujer enseñar en una reunión de congregación, podía enseñar fuera de la congregación a las personas que deseaban aprender la verdad de la Biblia y las buenas nuevas acerca de Jesucristo (compárese con Sl 68:11), y, además, debía ser ‘maestra de lo que es bueno’ para las mujeres más jóvenes (y los niños) dentro de la congregación. (Tit 2:3-5.) Pero no tenía que ejercer autoridad sobre el hombre o disputar con él, como, por ejemplo, en las reuniones de la congregación. Tenía que recordar lo que le sucedió a Eva y lo que Dios dijo con respecto a la posición de la mujer después del pecado de Adán y Eva. (1Ti 2:11-14; Gé 3:16.)

Los superintendentes y siervos ministeriales han de ser varones. No se menciona a las mujeres cuando se habla sobre las “dádivas en hombres” que Cristo dio a la congregación. Las palabras “apóstoles”, “profetas”, “evangelizadores”, “pastores” y “maestros” se encuentran en género masculino. (Ef 4:8, 11.)

Por consiguiente, cuando el apóstol Pablo escribió a Timoteo acerca de los requisitos que debían llenar los “superintendentes” (e·pí·sko·poi), que también eran “ancianos” (pre·sbý·te·roi), así como los “siervos ministeriales” (di·á·ko·noi) de la congregación, especifica que deben ser varones, y en caso de estar casados, ‘esposos de una sola mujer’. Ningún apóstol hace mención de un puesto de “diaconisa” (di·a·kó·nis·sa). (1Ti 3:1-13; Tit 1:5-9; compárese con Hch 20:17, 28; Flp 1:1.)

Aunque se dijo que Febe (Ro 16:1) era “ministra” (di·á·ko·nos, sin el artículo definido griego), es evidente que a ella no se la nombró “sierva ministerial” en la congregación, pues este cargo no se contempla en las Escrituras. El apóstol no estaba diciendo a la congregación que aceptara las instrucciones que ella diese, sino que la recibiera bien y ‘le prestasen ayuda en cualquier asunto en que los necesitara’. (Ro 16:2.) El que Pablo se refiriera a ella como “ministra” se relacionaba obviamente con su actividad en la proclamación de las buenas nuevas, y en ese sentido Febe era una ministra que se asociaba con la congregación de Cencreas. (Compárese con Hch 2:17, 18.)

En el hogar. En las Escrituras se dice que la mujer es “un vaso más débil, el femenino”. En consecuencia, su esposo ha de tratarla de acuerdo con esta condición. (1Pe 3:7.) Ella tiene muchos privilegios, entre otros, participa en la enseñanza de los hijos y cuida de los asuntos domésticos con la aprobación de su esposo y bajo su dirección. (1Ti 5:14; 1Pe 3:1, 2; Pr 1:8; 6:20; cap. 31.) Tiene el deber de ser sumisa a su esposo (Ef 5:22-24) y ha de rendirle el débito conyugal. (1Co 7:3-5.)

Adorno. La Biblia no condena en ninguna parte el uso de adornos o joyas en el arreglo personal, pero manda que se haga con modestia y decoro. El apóstol dice que la mujer debería llevar vestido bien arreglado y adornarse “con modestia y buen juicio”. No debería concederse importancia excesiva a peinados, adornos y vestiduras costosas, sino a aquellas cosas que contribuyen a la belleza espiritual, a saber, “buenas obras”, y a “la persona secreta del corazón en la vestidura incorruptible del espíritu quieto y apacible”. (1Ti 2:9, 10; 1Pe 3:3, 4; compárese con Pr 11:16, 22; 31:30.)

El apóstol Pedro dice a esas mujeres sumisas que muestran una conducta casta, respetuosa y piadosa: “Ustedes han llegado a ser hijas de ella [Sara], con tal que sigan haciendo el bien y no teman a ninguna causa de terror”. Por lo tanto, estas esposas tienen la magnífica oportunidad de ser ‘descendientes’ de la fiel Sara, no en sentido literal, sino por imitar su conducta. Sara tuvo el privilegio de dar a luz a Isaac y llegar a ser antepasada de Jesucristo, la ‘descendencia principal de Abrahán’. (Gál 3:16.) Por consiguiente, las esposas cristianas que demuestran ser hijas de Sara en sentido figurado, aun teniendo esposos incrédulos, tienen la seguridad de que Dios las recompensará abundantemente. (1Pe 3:6; Gé 18:11, 12; 1Co 7:12-16.)

Mujeres que sirvieron a Jesús. Hubo mujeres que disfrutaron de privilegios en relación con el ministerio terrestre de Jesús, aunque no de los privilegios concedidos a los 12 apóstoles y a los 70 evangelizadores. (Mt 10:1-8; Lu 10:1-7.) Varias mujeres ministraron a Jesús con sus propios bienes. (Lu 8:1-3.) Una le ungió poco antes de su muerte, y debido a su acción, Jesús aseguró que por todo el mundo, donde se predicasen las buenas nuevas, ‘lo que esa mujer hizo también se contaría para recuerdo de ella’. (Mt 26:6-13; Jn 12:1-8.) Hubo mujeres entre aquellos a quienes Jesús se apareció el día de su resurrección, y también las había entre aquellos a quienes se apareció más tarde. (Mt 28:1-10; Jn 20:1-18.)

Uso figurado. En varias ocasiones se usa simbólicamente a la mujer para representar a congregaciones u organizaciones. También puede simbolizar ciudades. A la congregación de Cristo se la llama su “novia”, y también se la llama “la santa ciudad, la Nueva Jerusalén”. (Jn 3:29; Rev 21:2, 9; 19:7; compárese con Ef 5:23-27; Mt 9:15; Mr 2:20; Lu 5:34, 35.)

Jehová habló de la congregación o nación de Israel como su “mujer”, pues Él era su “dueño marital” en virtud del pacto de la Ley que existía entre ellos. En las profecías de restauración Dios habla a Israel en estos términos, a veces dirigiendo sus palabras a Jerusalén, la ciudad que gobernaba la nación. Los ‘hijos e hijas’ (Isa 43:5-7) de esta mujer eran los miembros de la nación de Israel. (Isa 51:17-23; 52:1, 2; 54:1, 5, 6, 11-13; 66:10-12; Jer 3:14; 31:31, 32.)

En muchas ocasiones, se hace referencia a otras naciones o ciudades en femenino o como si se tratase de mujeres. Algunos ejemplos son: Moab (Jer 48:41), Egipto (Jer 46:11), Rabá de Ammón (Jer 49:2), Babilonia (Jer 51:13) y la simbólica Babilonia la Grande. (Rev 17:1-6; véanse BABILONIA LA GRANDE; HIJOS.)

La “mujer” de Génesis 3:15. Cuando Dios sentenció a los padres de la humanidad, Adán y Eva, prometió que la “mujer” produciría una descendencia que magullaría la cabeza de la serpiente. (Gé 3:15.) Este era un “secreto sagrado” que Dios se proponía revelar a su debido tiempo. (Col 1:26.) Algunos factores que concurrieron en el anuncio de la promesa profética proporcionan indicios en cuanto a la identidad de la “mujer”. Puesto que su descendencia tendría que magullar la cabeza de la serpiente, no podía tratarse de una descendencia humana, pues las Escrituras muestran que las palabras de Dios no se dirigieron a una serpiente literal. En Revelación 12:9 se indica que la “serpiente” es Satanás el Diablo, un espíritu. En consecuencia, la “mujer” de la profecía no podría ser una mujer humana, como María, la madre de Jesús. El apóstol arroja luz sobre esta cuestión en Gálatas 4:21-31. (Véase DESCENDENCIA, SEMILLA.)

En este pasaje el apóstol habla de la mujer libre de Abrahán y de su concubina Agar, y dice que Agar corresponde a la ciudad literal de Jerusalén bajo el pacto de la Ley, y sus “hijos”, a los ciudadanos de la nación judía; mientras que Sara, la esposa de Abrahán, corresponde a la “Jerusalén de arriba”, dice Pablo, su madre espiritual y la de sus compañeros ungidos por espíritu. Esta “madre” celestial también sería la “madre” de Cristo, el mayor de sus hermanos espirituales a quienes Dios engendra como Padre. (Heb 2:11, 12; véase MUJER LIBRE.)

Lógicamente, y en armonía con las Escrituras, la “mujer” de Génesis 3:15 tiene que ser una “mujer” espiritual. Y en correspondencia con el hecho de que la “novia” o “esposa” de Cristo no es una mujer individual, sino una mujer compuesta de muchos miembros espirituales (Rev 21:9), la “mujer” que da a luz a los hijos espirituales de Dios, Su ‘esposa’ (predicha proféticamente en las palabras de Isaías y Jeremías citadas antes), estaría formada por muchas personas celestiales. Sería un conjunto de personas u organización, una organización celestial.

Se describe a esta “mujer” en la visión de Juan, en el capítulo 12 de Revelación. Se la representa dando a luz a un hijo, un gobernante que habrá de “pastorear a todas las naciones con vara de hierro”. (Compárese con Sl 2:6-9; 110:1, 2.) Juan recibió esta visión mucho después del nacimiento humano de Jesús y de su unción como el Mesías de Dios. Como obviamente tiene que ver con la misma persona, ha de hacer referencia, no al nacimiento humano de Jesús, sino a otro acontecimiento, a saber, su acceso al poder del Reino. En consecuencia, lo que aquí se representó fue el nacimiento del Reino mesiánico de Dios.

Después se ve a Satanás persiguiendo a la “mujer” y haciendo guerra contra “los restantes de la descendencia de ella”. (Rev 12:13, 17.) Puesto que se trata de una “mujer” celestial y que entonces Satanás ya había sido arrojado a la Tierra (Rev 12:7-9), las personas celestiales que integraban esta “mujer” se hallaban fuera de su alcance, pero sí podía atacar al resto de su “descendencia” o hijos, los hermanos de Jesucristo que todavía estaban en la Tierra. De esa manera persiguió a la “mujer”.

Otros usos. Cuando Dios predijo el hambre que pasaría Israel si quebrantaba Su pacto, dijo: “Entonces diez mujeres realmente cocerán el pan de ustedes en un solo horno y les devolverán su pan por peso”. El hambre llegaría a ser tan acuciante que diez mujeres necesitarían un solo horno, mientras que normalmente usarían uno cada una. (Le 26:26.)

Después de advertir a Israel de las calamidades que le sobrevendrían por su infidelidad, Jehová dijo por medio del profeta Isaías: “Y siete mujeres realmente se agarrarán de un solo hombre en aquel día, y dirán: ‘Comeremos nuestro propio pan y nos vestiremos de nuestras propias mantas; solo que se nos llame por tu nombre para quitar nuestro oprobio’”. (Isa 4:1.) En los dos versículos precedentes (Isa 3:25, 26) Dios indicó que los hombres de Israel morirían en guerra. Así informó a Israel del efecto que tales condiciones tendrían en el número de varones de la nación, que los diezmarían hasta el punto de que habría varias mujeres para un solo hombre. Aceptarían con gusto su nombre y algunas de sus atenciones, aunque tuvieran que compartirlo con otras mujeres. También aceptarían la poligamia o el concubinato con tal de tener alguna participación, aunque fuese pequeña, en la vida de un hombre, y disminuir de ese modo la vergüenza que significaba para ellas la viudez o la soltería y el hecho de no ser madres.

En una profecía de consuelo para Israel, Jehová dijo: “¿Hasta cuándo te dirigirás para acá y para allá, oh hija infiel? Pues Jehová ha creado una cosa nueva en la tierra: Una simple hembra estrechará en derredor a un hombre físicamente capacitado”. (“La mujer cortejará al varón”, CI.) (Jer 31:22.) Hasta entonces Israel, con quien Dios estaba en una relación de matrimonio debido al pacto de la Ley, había estado dando vueltas “para acá y para allá” en infidelidad. Jehová invitó a la “virgen de Israel” a que erigiera marcas de camino y postes de señal para guiarse en su regreso, y a que fijara su corazón en la calzada por donde habría de volver. (Jer 31:21.) Jehová pondría su espíritu en ella de manera que estuviese ansiosa por regresar. Por lo tanto, tal como una esposa se abrazaría a su esposo a fin de volver a tener buenas relaciones, así Israel se estrecharía en derredor de Jehová Dios con el fin de restablecer buenas relaciones con Él como su esposo.

El “deseo de las mujeres”. La profecía de Daniel dice que el “rey del norte” “al Dios de sus padres no dará consideración; y al deseo de las mujeres y a todo otro dios no dará consideración, sino que sobre todos se engrandecerá. Pero al dios de las plazas fuertes, en su posición dará gloria”. (Da 11:37, 38.) Las “mujeres” pueden representar en este texto a las naciones más débiles que llegan a ser ‘criadas’ del “rey del norte”, como vasos más débiles. Ellas tienen sus dioses, a quienes desean y adoran, pero el “rey del norte” no les presta atención y rinde homenaje a un dios del militarismo.

Las “langostas” simbólicas. En la visión de las “langostas” simbólicas de Revelación 9:1-11, se describe a estas langostas con “cabellos como cabellos de mujeres”. En armonía con el principio bíblico de que el cabello largo de la mujer es señal de sujeción a su cabeza marital, el cabello de estas “langostas” simbólicas debe representar la sujeción de aquellos a quienes simbolizan al que en la profecía se representa como su cabeza y rey. (Véase ABADÓN.)

144.000 ‘no contaminados con mujeres’. En Revelación 14:1-4 se representa a los 144.000 de pie con el Cordero sobre el monte Sión, y se dice que han sido “comprados de la tierra. Estos son los que no se contaminaron con mujeres; de hecho, son vírgenes”. Se dice que tienen una relación con el Cordero más íntima que cualquier otra persona, ya que son los únicos que aprenden la “canción nueva”. (Rev 14:1-4.) Este hecho indica que constituyen la “esposa” del Cordero. (Rev 21:9.) Son personas celestiales, como lo muestra el que estén de pie con el Cordero sobre el monte Sión celestial. Por lo tanto, el que ‘no se contaminen con mujeres’ y que sean “vírgenes” no significa que ninguno de estos 144.000 nunca se haya casado, pues las Escrituras no prohíben que los que han de ser coherederos con Cristo se casen mientras están en la Tierra. (1Ti 3:2; 4:1, 3.) Tampoco implica que todos los 144.000 sean hombres, pues “no hay ni varón ni hembra” en lo que tiene que ver con la relación espiritual de los coherederos de Cristo. (Gál 3:28.) Por lo tanto, estas “mujeres” deben ser simbólicas, organizaciones religiosas como Babilonia la Grande y sus ‘hijas’; cualquier unión y participación con estas organizaciones religiosas falsas haría imposible mantenerse sin mancha. (Rev 17:5.) Esta descripción simbólica está de acuerdo con el requisito recogido en la Ley según el cual el sumo sacerdote de Israel solo podía tomar por esposa a una virgen, pues Jesucristo es el gran Sumo Sacerdote de Jehová. (Le 21:10, 14; 2Co 11:2; Heb 7:26.)

Con referencia a que Jesús se dirigiera a María como “mujer”, véase MARÍA núm. 1 (Jesús la amaba y respetaba).

mujer - Diccionario Español

(Del lat. mulier, -eris).

1. f. Persona del sexo femenino.

2. f. mujer que ha llegado a la pubertad o a la edad adulta.

3. f. mujer que tiene las cualidades consideradas femeninas por excelencia. ¡Esa sí que es una mujer!

4. f. mujer que posee determinadas cualidades. Mujer de honor, de tesón, de valor.

5. f. mujer casada, con relación al marido. ~ de campo.

1. f. La que con frecuencia se ejercita en la caza o en las faenas agrícolas.

~ de digo y hago.

1. f. mujer fuerte, resuelta y osada. ~ de gobierno.

1. f. Criada que tenía a su cargo el gobierno económico de la casa. ~ del arte.

1. f. prostituta.

~ de letras.

1. f. La que cultiva la literatura o las ciencias humanas. ~ del partido, o ~ de punto.

1. f. prostituta. ~ de su casa.

1. f. La que con diligencia se ocupa de los quehaceres domésticos y cuida de su hacienda y familia.

~ fatal.

1. f. Aquella cuyo poder de atracción amorosa acarrea fin desgraciado a sí misma o a quienes atrae. U. referido principalmente a personajes de ficción, sobre todo de cine, y a las actrices que los representan. ~ mundana.

1. f. prostituta.

~ objeto.

1. f. La que es valorada exclusivamente por su belleza o atractivo sexual.

~ perdida, o ~ pública.

1. f. prostituta.

pobre ~.

1. f. La de cortos talentos e instrucción.

2. f. La de poca habilidad y sin vigor ni resolución. buena ~.

1. expr. rur. U. para llamar o dirigirse a una desconocida. de ~ a ~.

1. loc. adv. Con sinceridad.

2. loc. adv. de igual a igual. hacerse una ~.

1. fr. Llegar a ser madura y responsable de sus actos.

2. fr. ser mujer. mujer.

1. interj. U. para indicar sorpresa o asombro, o con un matiz conciliador. ¡Mujer, qué susto me has dado! ¡Mujer, no te enfades! ser mucha ~.

1. fr. Ser admirable por la rectitud de carácter, por la integridad moral o por sus habilidades.

ser ~ una niña o adolescente.

1. fr. Haber tenido la menstruación por primera vez. ser toda una ~.

1. fr. Tener valor, firmeza y fuerza moral. tomar ~ un hombre.

1. fr. Contraer matrimonio con ella. OS V.

pez mujer


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