La palabra "laido, da", hoy en desuso, encierra una riqueza semántica que nos transporta a épocas pasadas del castellano. Su significado, aunque resumido a menudo como "feo", "afrentoso" o "triste", se extiende a matices más profundos que merecen ser explorados.
El origen de "laido" se remonta al provenzal antiguo lait, que significaba "feo", "sucio". Este, a su vez, proviene del franco *laid, compartiendo raíz con términos germánicos que expresan ideas similares de fealdad, desagrado o incluso maldad.
El adjetivo "laido, da" presentó diversas acepciones a lo largo de la historia:
Un laido acto de traición, por ejemplo, no solo describe un acto feo, sino también infame y deshonroso.
Aunque su uso es arcaico, podemos encontrar ejemplos de "laido" en la literatura clásica española. Imaginemos un caballero medieval describiendo a un dragón como una "laida bestia", no solo por su aspecto monstruoso, sino también por la amenaza y el miedo que representaba. O a un villano realizando una "laida acción", resaltando la vileza de su acto. Estos ejemplos ilustran cómo "laido" aportaba una carga emocional y moral más intensa que el simple "feo".
Con el paso del tiempo, "laido" fue cayendo en desuso, reemplazado por términos más específicos y menos ambiguos. Su carácter polisémico, que abarcaba desde la fealdad física hasta la indignidad moral, pudo contribuir a su desaparición. Hoy en día, su uso se limita principalmente a contextos literarios o históricos, como un vestigio de la riqueza y complejidad del castellano antiguo.
Nota: La reconstrucción del franco *laid se indica con un asterisco, ya que no se encuentra atestiguado directamente en textos, sino que se deduce a partir de sus descendientes en las lenguas romances.