El jansenismo, más que una simple exageración de las ideas de San Agustín sobre la gracia divina, representa un complejo movimiento teológico y social que se extendió por Europa, especialmente en Francia, durante los siglos XVII y XVIII. Su impacto trascendió el ámbito puramente religioso, influyendo en la política, la literatura y la vida intelectual de la época.
El jansenismo toma su nombre de Cornelius Jansen (Jansenio), obispo de Ypres (Bélgica), quien en su obra póstuma Augustinus (1640) expuso una interpretación particular de la teología agustiniana sobre la gracia y el libre albedrío. Jansenio argumentaba que la naturaleza humana, corrompida por el pecado original, era incapaz de realizar el bien por sí misma y dependía absolutamente de la gracia divina irresistible para la salvación. Esta gracia, según él, era otorgada solo a unos pocos predestinados por Dios.
La abadía de Port-Royal des Champs, cerca de París, se convirtió en el centro del movimiento jansenista en Francia. Bajo la dirección de la abadesa Angélique Arnauld, Port-Royal adoptó las ideas de Jansenio y se convirtió en un foco de resistencia contra el absolutismo monárquico y la autoridad papal.
El jansenismo se enfrentó a la oposición de los jesuitas, defensores del molinismo, y de la Iglesia Católica, que condenó las cinco proposiciones extraídas de la obra de Jansenio como heréticas. El conflicto entre jansenistas y jesuitas se extendió por décadas, involucrando debates teológicos, persecuciones y controversias políticas.
A pesar de la persecución, el jansenismo persistió en el siglo XVIII, adoptando una nueva forma. En este periodo, el movimiento se asoció con la defensa de las regalías galicanas (derechos y privilegios de la Corona francesa en asuntos eclesiásticos) y la limitación del poder papal. El Parlamento de París, opuesto al absolutismo real, encontró en el jansenismo una herramienta para oponerse a la autoridad del rey y del Papa.
Aunque el jansenismo como movimiento organizado desapareció en el siglo XIX, su influencia se dejó sentir en la literatura, la filosofía y la política. Autores como Blaise Pascal, con sus Provinciales, y Jean Racine, con sus tragedias, reflejaron la sensibilidad jansenista. El rigor moral y la crítica a la autoridad contribuyeron a la formación del pensamiento ilustrado y prepararon el terreno para la Revolución Francesa.