La palabra "íncipit", proveniente del latín incipit (tercera persona del singular del presente de indicativo del verbo incipere, que significa "empezar"), se utiliza para referirse a las primeras palabras de un texto, especialmente en el contexto de la descripción bibliográfica de manuscritos e impresos antiguos.
En la época medieval, antes de la estandarización de los títulos y la aparición de las portadas en los libros, el íncipit cumplía una función crucial para la identificación de las obras. Los catálogos de bibliotecas monásticas y universitarias se basaban en los íncipit para registrar y clasificar sus volúmenes. Imaginemos un scriptorium medieval: el monje copista, al terminar su labor, anotaba el íncipit al comienzo del manuscrito para facilitar su posterior identificación. Este sistema permitía distinguir entre diferentes copias del mismo texto o identificar obras anónimas.
Con la llegada de la imprenta, el uso del íncipit comenzó a decaer, aunque persistió durante un tiempo, especialmente en ediciones incunables. La posibilidad de incluir portadas con títulos y datos del autor hizo que el íncipit perdiera su función principal de identificación.
Aunque ya no es esencial para la catalogación de libros modernos, el íncipit sigue siendo una herramienta valiosa para los estudiosos de la literatura, la historia y la paleografía. Sus usos actuales incluyen:
Algunos ejemplos de íncipit famosos son:
En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme...(Don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes)
Llamaban al viejo Santiago el Campeón y tenía la piel de la espalda llena de costras de sal...(El viejo y el mar, Ernest Hemingway, traducción).
En el principio creó Dios los cielos y la tierra.(Génesis)
En resumen, el íncipit, más que simplemente las primeras palabras de un texto, representa una ventana al pasado, una herramienta para la investigación y una huella de la evolución del libro y la escritura.