La palabra "hostigo", derivada del verbo "hostigar", posee un significado más rico y complejo que su simple definición como "golpe". Si bien el diccionario de la RAE lo define principalmente en relación a golpes físicos (de palo, látigo, viento o agua), su origen y evolución semántica revelan matices importantes.
El término "hostigar" proviene del latín hostigāre, formado por hostis ("enemigo") y el sufijo frequentativo -igāre. Este sufijo indica una acción repetida o intensa. Por lo tanto, la idea original de hostigāre es la de "acosar al enemigo", "molestar repetidamente", "atacar con insistencia".
Este sentido original se refleja en el sustantivo "hostigo", que no solo describe el golpe en sí, sino también la idea de una agresión repetida y persistente. Imaginemos un asedio a una muralla (definición 2): el "hostigo" no es un solo impacto, sino el efecto acumulado de los embates del viento, la lluvia y las armas de asedio.
El uso de "hostigo" en el sentido de "golpe físico" es relativamente poco común en el español actual. Sin embargo, su origen nos permite comprender mejor su significado en contextos históricos y literarios. Por ejemplo:
Sufrió el hostigo constante de sus perseguidorestransmite una idea de intensidad y persistencia mayor que simplemente "sufrió los golpes de sus perseguidores".
Aunque en desuso en el lenguaje común, "hostigo" conserva la huella de su origen latino, recordándonos que no se trata simplemente de un golpe aislado, sino de una acción repetida, persistente y, en muchos casos, hostil. Su comprensión plena requiere considerar este contexto histórico y etimológico.
Nota: Aunque la RAE no registra el uso de "hostigo" en el sentido de acoso psicológico, la conexión etimológica con "hostigar" justifica su interpretación en este contexto, especialmente en la literatura.