La palabra "énula" proviene del latín inula, y se refiere principalmente a la planta Inula helenium, comúnmente conocida como helenio o énula campana.
El nombre Inula helenium tiene sus raíces en la mitología griega. Se dice que la planta surgió de las lágrimas de Helena de Troya. Helenium hace referencia a ella, mientras que Inula, según algunos autores, deriva del griego ineo, que significa "purgar", aludiendo a sus propiedades medicinales.
La énula campana es una planta herbácea perenne, robusta, que puede alcanzar hasta dos metros de altura. Presenta hojas grandes, dentadas y ásperas al tacto. Sus flores son de un amarillo dorado intenso, similares a las margaritas, pero de mayor tamaño, dispuestas en capítulos que florecen en verano.
La énula ha sido utilizada desde la antigüedad por sus diversas propiedades medicinales. Griegos y romanos la empleaban para tratar afecciones respiratorias, problemas digestivos y como antiparasitario.
Dioscórides, médico griego del siglo I d.C., ya describía en su obra De Materia Medica las propiedades y usos medicinales de la énula. Posteriormente, durante la Edad Media, su uso se extendió por toda Europa, siendo un remedio común en la medicina tradicional.
La raíz de la énula, bebida con vino, provoca la orina y las menstruaciones, es buena para la tos antigua, para la dificultad de respirar y para la epilepsia- Dioscórides, De Materia Medica
La raíz de la énula contiene inulina, un polisacárido que actúa como prebiótico, aceites esenciales como el alantolactona y el isoalantolactona, que poseen propiedades antiinflamatorias y expectorantes, además de otras sustancias como mucílagos y resinas.
Es importante destacar que, aunque tradicionalmente se ha utilizado con fines medicinales, se debe tener precaución con su uso. Puede causar reacciones alérgicas en personas sensibles a las plantas de la familia Asteraceae. Además, se recomienda evitar su uso durante el embarazo y la lactancia, y consultar con un profesional de la salud antes de su consumo.