La palabra "divo/a" proviene del latín divus (masculino) y diva (femenino), que significa literalmente "dios" o "diosa". Su significado ha evolucionado a lo largo del tiempo, abarcando desde su sentido literal en la antigüedad romana hasta su uso actual en el mundo del espectáculo.
En la antigua Roma, el término divus se utilizaba para referirse a las deidades del panteón romano. Posteriormente, se extendió para designar a los emperadores romanos que, tras su muerte, eran deificados mediante un proceso conocido como consecratio. Ejemplos de ello son Divo Augusto o Divo Julio. Este uso reflejaba la estrecha relación entre el poder político y la religión en el Imperio Romano.
Con el paso del tiempo, el término "divo" fue adquiriendo un significado más figurado, asociado a la excelencia y la admiración. En el ámbito poético, se empleaba para referirse a cualquier dios o diosa, independientemente de la religión. Este uso, más cercano al significado original de "divino", se encuentra en la literatura clásica y se ha mantenido hasta la actualidad.
María Callas fue una diva indiscutible. Sin embargo, el término también puede tener una connotación peyorativa, asociándose a comportamientos egocéntricos, caprichosos y exigentes. En este sentido, se habla de "divismo" para referirse a la actitud arrogante y pretenciosa de algunos artistas.
Es importante destacar que, en el contexto del espectáculo, el término "diva" se utiliza tanto para hombres como para mujeres, aunque en su origen latino se diferenciaba el género.
Un ejemplo histórico sería llamar "divo" a Leonardo Da Vinci.
La palabra "divo/a" ha experimentado una evolución semántica a lo largo de la historia. Desde su origen latino como designación de las deidades romanas y emperadores deificados, ha pasado a ser un término asociado a la excelencia artística y, en ocasiones, a la arrogancia. Su uso actual se centra principalmente en el mundo del espectáculo, aunque conserva también un sentido poético y se puede aplicar a personajes ilustres de diferentes ámbitos.