La palabra "disparatorio" se define comúnmente como una conversación, discurso o escrito lleno de disparates. Sin embargo, esta definición, aunque correcta, resulta insuficiente para comprender la riqueza y matices de su significado. Profundicemos en su origen, usos y contexto histórico para obtener una visión más completa.
El término "disparatorio" proviene del adjetivo "disparatado" y este, a su vez, del verbo "disparatar". "Disparatar" se forma a partir del prefijo "dis-" (que indica separación o negación) y "paratar", una variante antigua de "aparatar", que significa "preparar" o "disponer". Por lo tanto, etimológicamente, "disparatar" implica "desconcertar", "desordenar" o "desviar del objetivo". "Disparatorio", como sustantivo, hereda esta idea de desorden y falta de coherencia, aplicándola a un discurso o escrito.
El uso de "disparatorio" implica una crítica o juicio negativo sobre la calidad del discurso o escrito en cuestión. No se refiere simplemente a una opinión diferente o a una argumentación débil, sino a una falta de lógica, coherencia y sentido común que lo convierte en un conjunto de disparates.
La gestión económica del país es un completo disparatorio.
Si bien es difícil precisar el momento exacto en que "disparatorio" comenzó a utilizarse con su significado actual, su origen etimológico nos remonta a la época en que se utilizaban las variantes antiguas de "aparatar". La palabra probablemente evolucionó junto con el lenguaje, adaptándose a las necesidades expresivas de cada época. Su uso se ha mantenido a lo largo del tiempo, aunque su frecuencia puede variar según el contexto social y cultural.
Aunque "disparatorio" se centra en la falta de coherencia y sentido, existen otros términos que comparten matices similares, como "desatino", "absurdo", "sinsentido", "galimatías" o "jerigonza". La elección de una u otra palabra dependerá del contexto y del grado de énfasis que se quiera dar a la falta de lógica o a la confusión generada por el discurso.
Es importante recordar que el uso de "disparatorio" conlleva una carga subjetiva. Lo que una persona considera un "disparatorio" puede ser visto por otra como una opinión legítima, aunque poco convencional.