La palabra chalar, según la definición básica, significa "enloquecer" o "alelar". Sin embargo, este significado conciso no hace justicia a la riqueza histórica y la profundidad semántica que encierra este término, hoy en día prácticamente en desuso.
Chalar proviene del verbo latino *calāre, relacionado con el griego khaláo (aflojar, soltar, dejar caer). Esta raíz sugiere una pérdida de control, una relajación de las facultades mentales que conduce a la locura. El paso del latín vulgar al castellano supuso la transformación fonética a chalar.
El uso de chalar se remonta a la época medieval y se encuentra documentado en textos antiguos. Se empleaba para describir estados de alteración mental, desde la simple locura hasta la furia y el delirio. A diferencia de términos como "loco" o "demente", que pueden abarcar un espectro más amplio de trastornos mentales, chalar implicaba una pérdida de control más violenta y repentina, a menudo asociada con la ira o la pasión desmedida.
Algunos sinónimos de chalar, que ayudan a comprender mejor su significado, son:
Expresiones como "estar chalado" o "chalarse de algo" reflejan la idea de una obsesión o pasión extrema que puede llegar a perturbar la razón.
Y de tal manera le creció la gana y el deseo que casi se chala de contento.- Ejemplo de uso en un contexto literario imaginario.
En resumen, chalar, más que un simple sinónimo de "enloquecer", nos ofrece una ventana al pasado y a la forma en que se concebía la locura en épocas anteriores. Su origen etimológico, su uso en la literatura y su persistencia, aunque limitada, en el habla coloquial, nos permiten apreciar la riqueza y la complejidad de esta palabra, un pequeño tesoro lingüístico que merece ser rescatado del olvido.