(De cerda, pelo grueso).
1. m. Mamífero artiodáctilo del grupo de los Suidos, que se cría en domesticidad para aprovechar su cuerpo en la alimentación humana y en otros usos. La forma silvestre es el jabalí.
2. m. Carne de este animal. Le han aconsejado no comer cerdo.
3. m. coloq. puerco ( hombre sucio). U. t. c. adj.
4. m. coloq. puerco ( hombre grosero). U. t. c. adj.
5. m. coloq. puerco ( hombre ruin). U. t. c. adj. ~ de muerte.
1. m. El que ha pasado de un año, y es apto ya para la matanza. ~ de vida.
1. m. El que no ha cumplido un año, y no está todavía bien criado para la matanza.
~ marino.
1. m. marsopa.
como un ~.
1. loc. adv. despect. En exceso. Sangrar, sudar, comer como un cerdo. OS V.
queso de cerdo
(gr. kjói·ros; hys (cerda); heb. jazír (cerdo); verraco).
El cerdo doméstico (Sus domestica) es un mamífero de tamaño mediano, pezuña hendida y patas y cola cortas, cuyo cuerpo robusto y de piel gruesa por lo general está cubierto de cerdas toscas. Tiene el hocico achatado y el cuello corto. Debido a que no es rumiante, la ley mosaica lo clasificaba entre los animales que no eran aceptables ni para alimento ni para sacrificios. (Levítico 11:7) «También el cerdo, porque tiene pezuñas, y es de pezuñas hendidas, pero no rumia, lo tendréis por inmundo». (Deuteronomio 14:8) «ni cerdo, porque tiene pezuña hendida, mas no rumia; os será inmundo. De la carne de éstos no comeréis, ni tocaréis sus cuerpos muertos».
Aunque esta prohibición de comer cerdo no se basaba necesariamente en cuestiones de salud, había, y todavía hay, ciertos riesgos relacionados con el uso de esta carne en la alimentación. Como estos animales son omnívoros —comen hasta carroña y despojos—, propenden a infectarse con diversos organismos parásitos, como los que producen las enfermedades de la triquinosis y la ascaridiasis.
Parece que los israelitas solían considerar muy asquerosos a los cerdos, de ahí que para transmitir el grado máximo de repugnancia en la adoración, se dijera: “El que ofrece un regalo... ¡la sangre de cerdo!”. (Isaías 66:3) «El que sacrifica buey es como si matase a un hombre; el que sacrifica oveja, como si degollase un perro; el que hace ofrenda, como si ofreciese sangre de cerdo; el que quema incienso, como si bendijese a un ídolo. Y porque escogieron sus propios caminos, y su alma amó sus abominaciones». Para los israelitas pocas cosas serían menos apropiadas que un cerdo con una nariguera de oro en el hocico, por lo que (Proverbios 11:22) «Como zarcillo de oro en el hocico de un cerdo Es la mujer hermosa y apartada de razón». lo compara a una mujer que por fuera es hermosa pero que no es sensata.
Aunque los israelitas apóstatas comían cerdo (Isaías 65:4) «que se quedan en los sepulcros, y en lugares escondidos pasan la noche; que comen carne de cerdo, y en sus ollas hay caldo de cosas inmundas». (Isaías 66:17) «Los que se santifican y los que se purifican en los huertos, unos tras otros, los que comen carne de cerdo y abominación y ratón, juntamente serán talados, dice Jehová». los libros apócrifos de Primero de Macabeos (1:65, NC) y Segundo de Macabeos (6:18, 19; 7:1, 2, NC) muestran que durante la dominación del rey sirio Antíoco IV Epífanes y su violenta campaña para erradicar la adoración de Jehová, muchos judíos rehusaron comer carne de cerdo, y prefirieron morir por violar el decreto del rey antes que quebrantar la ley de Dios.
Si bien había otras naciones que tampoco comían cerdo, para los griegos era un manjar exquisito. Por tanto, probablemente como resultado de la influencia helénica, parece ser que para el tiempo del ministerio terrestre de Jesucristo había bastantes cerdos en Palestina, en especial en la región de la Decápolis. En el país de los gadarenos había al menos una piara de unos dos mil cerdos. Cuando Jesús permitió que los demonios que había expulsado entraran en esta gran piara, todos los animales sin excepción se precipitaron por un despeñadero y se ahogaron en el mar. (Mateo 8:28-32). (Marcos 5:11-13).
Los demonios expulsados que entraron en los cerdos. No se puede culpar a Jesús por haber permitido que los demonios entraran en los cerdos, pues es muy posible que haya habido ciertos factores envueltos que no se especifican, como el que los dueños de los cerdos fuesen judíos y por lo tanto culpables de no respetar la Ley. Por supuesto, Jesús no tenía por qué prever lo que iban a hacer los demonios una vez entraran en los animales inmundos. Puede que los demonios hayan deseado tomar posesión de los cerdos con el fin de derivar cierto placer sádico y contranatural. Por otro lado, pudiera razonarse que un hombre vale mucho más que una piara de cerdos. (Mateo 12:12) «Pues ¿cuánto más vale un hombre que una oveja? Por consiguiente, es lícito hacer el bien en los días de reposo». Además, todos los animales pertenecen a Jehová debido a que Él es su Creador; por consiguiente, como representante de Dios, Jesús tenía todo el derecho de permitir que los demonios tomaran posesión de la piara de cerdos. (Salmos 50:10) «Porque mía es toda bestia del bosque, Y los millares de animales en los collados». (Juan 7:29) «Pero yo le conozco, porque de él procedo, y él me envió». El que los demonios entraran en los cerdos fue prueba concluyente de que ya no poseían a los hombres, y también dejó muy claro a los ojos de los observadores el daño que les sobrevenía a las criaturas carnales poseídas por demonios. Además, aquello demostró a los observadores humanos el poder de Jesús sobre los demonios y el de estos sobre las criaturas carnales. Todo ello tal vez cumpliera el propósito de Jesús y explique por qué permitió que los espíritus inmundos entraran en los cerdos.
Uso ilustrativo. Jesús utilizó la incapacidad de los cerdos de reconocer el valor de las perlas cuando ilustró la imprudencia de compartir valores espirituales con los que no tienen ningún aprecio por estos. (Mateo 7:6) «No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen». Y en su ilustración del hijo pródigo, acentuó la degradación en la que se sumió el joven cuando dijo que tuvo que alquilarse como porquerizo (trabajo muy despreciable para un judío) y que incluso estaba dispuesto a comer el alimento de estos animales. (Lucas 15:15-16).
El apóstol Pedro comparó a los cristianos que vuelven a su anterior proceder en la vida con una cerda que de nuevo se revuelca en el fango después de haber sido bañada. (2 Pedro 2:22) «Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno». Sin embargo, es obvio que en lo que respecta al cerdo, esta ilustración no tiene el propósito de ir más allá de lo que expresan esas palabras. En realidad, en condiciones naturales el cerdo no es más sucio que otros animales, aunque le gusta revolcarse en el fango de vez en cuando con el fin de refrescarse del calor del verano y para quitarse de la piel cualquier parásito externo.
Era incluido dentro de los animales que no se podían comer (Salmos 80:9-14). Nombre científico: Sus domestica. •Animales de la Biblia.
ver ANIMALES
(hebr. házír). En la Biblia, las más de las veces la palabra c. se entiende del c. salvaje.
ver ANIMALES.
Cerdo (heb. jazîr; gr. jóiros, hús). Animal doméstico ampliamente usado para la alimentación en el mundo antiguo, pero prohibo por inmundo en y Los judíos no eran los únicos que rechazaban todo lo relacionado con él. Plinio dice que los árabes musulmanes, también lo consideraban inmundo los antiguos egipcios. Herodoto informa que un egipcio se lavaba inmediatamente si tocaba accidentalmente un cerdo, que no se permitía la entrada a los templos de quienes los cuidaban, y que eran prácticamente imposible que uno de ellos pudiera encontrar esposa fuera del círculo de los de su profesión. Por cuanto los judíos sentían rechazo por los cerdos, se los menciona pocas veces en la Biblia (; ; ; ; etc.). Pero, como lo señala Isaías en tiempos de apostasía aun éstos lo comían (; 66:17). Por otro lado, el registro histórico demuestra cuán estrictamente los judíos detestaban el uso de su carne en tiempos de los macabeos; muchas veces, la exigencia de Antíoco IV Epífanes de que comieran cerdo para demostrar lealtad hacia él encontró obstinada resistencia, al punto de que algunos prefirieron la muerte antes de aceptar la demanda (2 Mac. 6:18-7:42). Después de la liberación de la tiranía de Antíoco, su crianza (una práctica probablemente introducida por inmigrantes griegos, quienes consumían mucho porcino) fue ificialmente prohibida por Juan Hircano. El gran rebaño de puercos que Cristo permitió que se perdiera en el país de los gadarenos (Mat. 8:30-32) no habría pertenecido a judíos, ya que el incidente ocurrió en la Decápolis,* donde la mayoría de la población era no judía helenizada. Llegar a cuidar cerdos era una humillación enorme para un judío; y el hijo pródigo aceptó hacerlo como último recurso (). El 'puerco montés' (), un porcino salvaje, se podía encontrar hasta hace poco en algunas partes de Palestina, y tal vez no esté del todo extinguido en zonas alejadas del valle del jordán o del monte Carmelo. Bib.:P-NH viii. 78; Herodoto ii, 47. 227 Cereal. Véase Grano.