La palabra "aseguranza", aunque en desuso en la mayor parte del mundo hispanohablante actual, conserva un encanto particular que nos remite a un lenguaje más antiguo. El diccionario de la Real Academia Española (RAE) la define como un término en desuso, utilizado principalmente en Salamanca, con el significado de "seguridad" o "resguardo".
Derivada del verbo "asegurar", "aseguranza" comparte su raíz etimológica con palabras como "seguro" y "seguridad". Proviene del latín securus, que significa "libre de cuidado", "seguro". A lo largo del tiempo, el sufijo "-anza" se ha empleado para formar sustantivos abstractos que denotan acción o efecto, como en "esperanza" (de esperar) o "confianza" (de confiar). Por lo tanto, "aseguranza" se refiere al acto o efecto de asegurar, es decir, de dar seguridad o resguardo.
Si bien hoy en día es poco frecuente encontrar la palabra "aseguranza" en el lenguaje cotidiano, su uso era más común en siglos pasados. En textos antiguos y literarios, podemos apreciar su empleo con el significado de "certeza", "garantía" o "protección".
Aunque comparten la misma raíz, "aseguranza" y "seguro" han evolucionado de manera diferente. Mientras que "seguro" ha ampliado su significado para abarcar el ámbito de los seguros financieros y la protección contra riesgos, "aseguranza" ha quedado relegada a un uso arcaico y regional.
La RAE destaca el uso de "aseguranza" en Salamanca. Es posible que en esta región se haya conservado este término con un significado particular, quizás relacionado con alguna tradición o costumbre local. Sería interesante investigar más a fondo el uso actual de esta palabra en Salamanca para comprender mejor su contexto específico.
La palabra "aseguranza", como un eco del pasado, nos recuerda la riqueza y la evolución del lenguaje.