El aluminio, con símbolo químico Al y número atómico 13, es un elemento metálico abundante en la corteza terrestre, ocupando el tercer lugar después del oxígeno y el silicio. A pesar de su ubicuidad, su obtención en estado puro es relativamente reciente en la historia de la humanidad, debido a la dificultad para aislarlo de sus compuestos.
Aunque presente en numerosos minerales como el caolín, la arcilla, la alúmina (óxido de aluminio) y principalmente la bauxita (su principal mena), el aluminio metálico no se conocía en su forma pura hasta el siglo XIX. Compuestos de aluminio, como el alumbre, se utilizaban desde la antigüedad, principalmente como mordiente en tintorería y en medicina. Humphry Davy propuso el nombre "alumium" en 1808, derivado del alumbre, y luego lo modificó a "aluminum". Sin embargo, la comunidad científica europea adoptó la denominación "aluminium", mientras que en Estados Unidos se mantuvo la forma original.
El aislamiento del aluminio metálico se logró en 1825 por el físico danés Hans Christian Ørsted, aunque su método era costoso y producía pequeñas cantidades. En 1827, Friedrich Wöhler mejoró el proceso, pero no fue hasta 1886, con el desarrollo del proceso Hall-Héroult de forma independiente por Charles Martin Hall en Estados Unidos y Paul Héroult en Francia, que la producción de aluminio a gran escala y a un precio asequible se hizo realidad. Este proceso, que implica la electrólisis de la alúmina disuelta en criolita fundida, sigue siendo la base de la producción actual.
El aluminio es un metal ligero, con una densidad aproximadamente un tercio de la del acero o el cobre. Es tenaz, dúctil y maleable, lo que permite su fácil conformación en láminas, alambres y otras formas. Posee un color plateado brillante, similar al de la plata, y una alta conductividad térmica y eléctrica.
La versatilidad del aluminio lo ha convertido en un material esencial en numerosas industrias:
El aluminio es un metal que ha revolucionado la industria moderna gracias a sus propiedades únicas y su versatilidad.